El preludio cordobés de la Semana Santa brilla pese a la lluvia

  • La 'Señora de Córdoba' vuelve a ser la protagonista de un Viernes de Dolores donde la ciudad muestra su devoción cofrade y donde los niños se unen a la tradición

Colas en Capuchinos para el besamanos de la Paz y para ver a la Virgen de los Dolores. Colas en Capuchinos para el besamanos de la Paz y para ver a la Virgen de los Dolores.

Colas en Capuchinos para el besamanos de la Paz y para ver a la Virgen de los Dolores. / Jordi Vidal

El Viernes de Dolores tiñe a Córdoba de un color especial. Y lo hace cuando brilla el sol y también cuando las nubes son las protagonistas. Este preludio tan especial de la Semana Santa arrancó ayer con algún rayo de sol al que las nubes iban tapando poco a poco a medida que el día avanzaba. Esto no fue suficiente para frenar el fervor de esos cordobeses que en su peregrinaje a San Jacinto en esta jornada tienen una tradición con la que lluvia no ha podido nunca y tampoco ayer.

La gran protagonista fue, cómo no, la Virgen de los Dolores. Desde el comienzo de su día grande, en la medianoche, la iglesia hospital de Capuchinos ya acogió actos en honor a la Señora de Córdoba que empezaron a volverse multitudinarios cuando el día ya había hecho acto de presencia. La lluvia no fue impedimento para visitar a la Dolorosa de San Jacinto en su día; la devoción por la talla del siglo XVIII obra de Juan Prieto volvió a presidir el altar de su templo, el que hoy mismo abandonará para, junto al Santísimo Cristo de la Clemencia, descansar en el local que la hermandad de los Dolores tiene como punto de salida de su estación de penitencia del Viernes Santo, justo al lado de la iglesia.

Las colas se vieron un año más en San Jacinto para rezar ante la Virgen de los Dolores

La cola de cada Viernes Santo volvió a formarse en la parte menos empedrada de la plaza de Capuchinos. Allí esperaba Lola, de 39 años, que lleva ese nombre por la Virgen, y en un carrito, con apenas dos años, también lo hacía su hija, con su mismo nombre. "Mi madre se llama Loli y era muy devota de los Dolores, me puso el nombre por la Virgen y desde que se murió, hace tres años, no falto", comentaba Lola mientras su hija se echaba una siesta. "Yo le puse el nombre a mi niña por lo mismo y también la traigo para que la tradición no se pierda nunca", añadía a pocos pasos de que pudiera entrar por fin en la iglesia.

La devoción por esta imagen traspasa las fronteras de la capital. Andrés y Julia, un matrimonio de Almodóvar, visitan cada Viernes de Dolores Córdoba para poder rezar ante la Señora de Capuchinos. El marido explicaba ayer que "es un sentimiento muy de los cordobeses" y que "son muchos los que conocen la parte religiosa de la ciudad por esta Virgen". Había algunos turistas que pasaban por la plaza del Cristo de los Faroles y miraban dubitativos las colas, todo ello mientras un hombre tocaba la guitarra y ponía sonido a una especie de silencio acordado.

Y ese traspaso de fronteras de la capital hacia la provincia también se vio en figura de un montoreño que visitó a la Virgen, concretamente el presidente del Córdoba CF, Jesús León, quien junto a la plantilla del equipo cordobés acudió hasta la iglesia de San Jacinto para depositar un ramo a los pies de la Dolorosa. A esa misma hora también se pudo ver a un nutrido grupo de políticos, todos del PP, representados en primera plana por su portavoz en el Ayuntamiento y candidato a la Alcaldía de la ciudad, José María Bellido.

Todos llegaron a la misma hora, a las 11:00, momento en el que el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, un año más, presidió la eucaristía de la fiesta de regla que conmemora los actos en honor a la Virgen. Fernández afirmó que la imagen "transmite su actitud de firmeza y de fortaleza y aprendemos a estar con los que sufren" y depositó en la figura de la Virgen de Dolores el mayor ejemplo que tienen los cristianos en cuanto al sufrimiento, haciendo referencia a la permanencia de ésta a los pies de la cruz donde yacía su hijo.

Durante todo el día estuvieron abiertas las puertas de San Jacinto para visitar a la Virgen de los Dolores, como lo estuvieron también las del convento del Santo Ángel para visitar a la otra ocupante sacra de Capuchinos, la Virgen de la Paz. Pocos son los que eligen entre visitar a una o a otra, y la mayoría hacen la cola para San Jacinto y la otra cola para el besamanos de la Paloma de Capuchinos. Ataviada con una nueva saya donada por sus costaleros, la Paz recibió la visita de otros cientos de cordobeses que además pudieron contemplar al otro titular de la cofradía, el Señor de Humildad Paciencia, situado en el cocherón del que sale el Miércoles Santo y vestido de púrpura para la ocasión. "Esto no es cuestión de rivalidad, habrá a quien le guste más los Dolores y quien sea más de la Paz, pero las dos son las señoras de la plaza", comentaba un joven cofrade, de apenas 17 años, costalero y nazareno de varias hermandades.

Y esa juventud cofrade que parece estar más fuerte que nunca tiene sus cimientos en muchos pilares, pero sin duda uno de ellos es la conocida como Semana Santa Chiquita. Los colegios religiosos tienen en el Viernes de Dolores una de sus grandes celebraciones ya que organizan procesiones, pequeñas y no tan pequeñas, para que los niños comiencen a sentir el gusanillo cofrade desde una temprana edad. Así, el Centro fue tomado por la mañana por desfiles procesionales con pasos de cartón piedra y gomaeva soportados por costaleros y costaleras de apenas un metro que muy serios lo daban todo en cada levantá. No faltaban las mantillas, ni algún que otro Guardia Civil de poca estatura, así como los pequeños hebreos que procedentes de colegios como La Milagrosa, Las Francesas o la Inmaculada sacaban las sonrisas de los más mayores que se encontraban con la estampa. Todo ello acompañado musicalmente por miembros de bandas de renombre de la ciudad.

Pero aquí no acabó todo. Mientras los niños se disponían a tomarse unas merecidas vacaciones y Capuchinos rebosaba de devoción, las hermandades cordobesas ultimaban sus preparativos. La mayoría de las cofradías lo hacían además celebrando los vía crucis, culmen de los quinarios honoríficos, y que además sirvieron para montar a las tallas en sus correspondientes pasos y así esperar a la ansiada estación de penitencia. Pero aquí sí que convenía arriesgar, la lluvia es enemiga de las históricas imágenes, por lo que la mayoría de agrupaciones realizó el vía crucis en el interior de sus templos. Así lo hacen normalmente cofradía como la Misericordia, de San Pedro, o las Angustias, de San Agustín, y a las mismas se unieron algunas más, como la Piedad, el Caído o el Remedio de Ánimas.

Y así pasó Córdoba otro Viernes de Dolores más, el que sirve de antesala a la semana grande cofrade, el de los devotos y el de Capuchinos. Un viernes diferente al del resto del año al que ahora siguen unas intensas jornadas de devoción.

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