El misterio que sólo guarda San Lorenzo

  • l ánimasLa cofradía pone el broche final con sus tinieblas, acompañada la oración de sus penitentes y ante el asombro de una bulla que no supo respetar el silencio que conlleva

La de Ánimas es una de esas cofradías que impone respeto, de esas que obligan al más hablador a guardar, por un instante, un poco de silencio. La de Ánimas es una de esas hermandades que puede presumir de un cortejo con gran compostura, elegancia, que emana respeto y asombro. Tanto por las formas, como por elementos como la espesa humareda que provoca el incienso al quemarlo que logra, incluso, envolver a su titular, justo a su salida del templo fernandino de San Lorenzo y que ofrece una de esas estampas que cautiva.

Sin embargo, la bulla en su espera frente al templo no fue ayer demasiado respetuosa para muchos. Cientos y cientos de personas se concentraron en el entorno de la iglesia, como si para ellos fuera un reto poder ver al cortejo del Miserere en primera fila. Voces, ruidos de botellas de plástico, de latas de refresco, ese continuo chasquido de las cáscaras de pipas, las voces de amigos y familiares que se saludan de un lado a otro de la plaza, las peticiones de silencio... demasiado. Una bulla que no se detuvo en esta costumbre en la plaza de San Lorenzo, sino que siguió hasta el Realejo, que continuó hasta la carrera oficial y que se deshizo a medidas que el cortejo fue avanzando en su discurrir por calles menos transitadas y en las que consiguió algo más de silencio, algo más de respeto.

Apenas quedan unos instantes para que la noche llegue a San Lorenzo y es, en ese punto, cuando el portón se abre y comienza a formarse la enlutada fila de nazarenos portando faroles del viático. Un penitente descalzo, otro con zapatillas de esparto negras. Sólo se atisba a escuchar el rezo del rosario, acompañado por el tañir a muerto que brindan las campanas de San Lorenzo, que se prolongó durante algo más de media hora. "Por la paz, los enfermos y la familia", dice uno de los penitentes del cortejo enlutado.

A diferencia de otras procesiones a plena luz del día, las órdenes del capataz del paso del Cristo de Ánimas apenas se pueden escuchar. Todo en una perfecta sincronización con los costaleros que portan el Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas, que deslumbra a todos y que mece al paso y lo desliza hasta la plaza.

El cortejo del Remedio de Ánimas tuvo una noche perfecta para la estación de penitencia de esta hermandad, con una leve brisa que de vez en cuando servía para renovar el aire caldeado de incienso. Todo en una noche cerrada con la luz de la luna desde el cielo, con el sonido del Miserere y el canto del Stabat Mater. Pero la oscuridad se deshizo, poco a poco, con la salida del baldaquino bajo el que se sitúa la Virgen de las Tristezas, que logro imponer el respeto que se merece cualquier procesión y que cautiva a casi todos por igual.

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