La Sentencia

La juventud recuperada que aviva San Nicolás

  • Cientos de muchachos acuden a la salida de la procesión con la iglesia recién restaurada como escenario

Entre las últimas caladas al cigarrillo que ya se apaga, un costalero se asoma a una ventana de San Nicolás de la Villa y pierde la mirada entre el público que se agolpa en la plaza. San Felipe rejuvenece cada Lunes Santo con la ayuda de cientos de adolescentes recién arreglados dispuestos a consumir cada minuto de la tarde cofrade, encaramados a la reja de alguna ventana o disputándose un hueco sobre cualquier bordillo.

Hay muchachos que comparten cervezas y tabaco bajo el sol de las cinco de la tarde, otros que se remangan la camisa para auparse a las alturas y otros que ponen a punto su teléfono móvil para inmortalizar cualquier detalle. Un responsable de la Sentencia, en el interior de la iglesia, les dice a los hermanos: "Que no perdamos la amabilidad, la mansedumbre y la ternura. Si perdemos a Dios, perdemos la vida". En el exterior, la muchachada busca la sombra, aviva las paredes rejuvenecidas de San Nicolás de la Villa y manda callar cuando retumban los pasos sordos de los costaleros sobre la rampa de salida.

El primer click de las cámaras de fotos se dirige entonces al paso dorado que se esfuerza en deslizarse por la angostura del portón mientras las pisadas de los costaleros hacen eco. Al final de la rampa, cuando el enorme paso barroco pisa tierra firme, el capataz manda parar. El primer descanso camino de la Carrera Oficial se aprovecha para dar los últimos retoques al misterio, encender cirios apagados, darles a los captores de Cristo las armas que no caben por la puerta de la iglesia. Y cuando los muchachos han vuelto a las trabajaderas, el capataz ordena: "Vámonos para arriba de verdad". Como si los pasos arrastrados de los primeros minutos no hubieran costado trabajo.

Los muchachos que se agolpan en San Felipe también cantan saetas. "Como si fuera un mal ladrón", termina la que sale de la garganta de Álvaro Vizcaíno, de 21 años, ante la Virgen de Gracia en pleno San Felipe. Hace dos años, este joven de San Pedro se atrevió a exhibir su cante por primera vez: "El Domingo de Ramos quise cantarle al Gitano, pero no tenía la voz en condiciones". San Nicolás, claro está, rejuvenece.

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