La Piedad

Un gran día barrido por las nubes

  • La hermandad de Las Palmeras cancela su procesión por la alta probabilidad de lluvia

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"Las nubes no las manejamos nosotros. Dios habla a través de estos acontecimientos", intentó apaciguar el obispo, Demetrio Fernández, a los varios cientos de hermanos que ayer se congregaron en la iglesia de San Antonio María Claret para acompañar por primera vez al Cristo de la Piedad hasta el centro de la ciudad. Las Palmeras se había preparado para vivir un día histórico, un viaje lleno de orgullo hasta el centro de la ciudad que trascendía el acontecimiento religioso.

Pero la meteorología, otra vez este año, lo impidió. El cortejo había previsto su salida a las 14:00, aunque minutos antes la junta de gobierno de la cofradía, encabezada por la hermana mayor, Pilar Torrecilla, se reunió para analizar las últimas previsiones meteorológicas. Y las perspectivas no eran buenas: un 60% de probabilidades de tormenta a última hora de la tarde. Mucho riesgo para un cortejo que, según los datos de la hermandad, sería sorprendido por la lluvia en plena Carrera Oficial, a cuatro horas de la entrada a su templo. Así que, para disgusto general, la junta decidió interrumpir la que iba a convertirse en una procesión histórica para los vecinos del barrio.

"Toda la ilusión que habéis puesto no se pierde, sino que se acumula para el año que viene", les animó el obispo, que por primera vez acudía a la salida de La Piedad. "Sin duda, la ciudad os recibirá con los brazos abiertos el próximo año", añadió Fernández, que departió con una cuadrilla de costaleras.

Algunos no pudieron reprimir las lágrimas, como la propia hermana mayor, que se refugió entre sollozos en uno de los despachos parroquiales. "Hemos conservado la ilusión hasta última hora, pero las previsiones del tiempo no son buenas", dijo entre lágrimas. "Nuestros enseres no son muy ricos, pero ha costado toda una vida conseguidos. Llevamos trabajando desde los años 70 para que llegara este día", lamentó. La cofradía de La Piedad nació en 1972 y, si el tiempo lo hubiera permitido, ayer habría llegado por primera vez hasta la Carrera Oficial. Los vecinos se habían tomado esta iniciativa como una gesta personal, así que la decisión de suspender la estación de penitencia no sentó bien.

"Hemos puesto muchísima ilusión y hemos gastado mucho tiempo para nada", se quejó Carmen Chacón, camarera de María Santísima de Vida y engalanada con una mantilla. "No estoy de acuerdo con la decisión, porque pasamos por delante de muchas iglesias que podrían servirnos de refugio en caso de lluvia", añadió otra hermana, Josefa Hermán. Entre las costaleras se extendió una llantina difícilmente reprimible: "Hemos ensayado desde enero y habíamos puesto mucha ilusión", dijo una de las cargadoras del paso, María Avellán. Fuera de la iglesia, donde la expectación era máxima, cundió el desaliento y, en algunos casos, la indignación.

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