Amor

La devoción más sentida de El Cerro

  • Los vecinos del Campo de la Verdad arropan a su Hermandad de El Amor en su camino hacia la carrera oficial

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 Cada Domingo de Ramos el barrio del Campo de la Verdad se transforma para recibir a su Cristo, el crucificado del Amor. Con recogimiento y devoción, los vecinos se agolpan pasadas las 15:00 en las puertas de la iglesia de José Divino Obrero, en la calle Beato Henares, la espina dorsal de la barriada. 

Todos los fieles esperan con impaciencia la salida de su Cristo "chiquito", al que con la devoción más sincera le rezan sus plegarias. Josefa lleva 52 años sin faltar a esta cita, la que para ella le da sentido a su vida. "Es mi Cristo y a él le rezo todos los días. Para mí sería imperdonable faltar un Domingo de Ramos a su salida", reconoce mientras de nuevo se sienta en su silla, en la que la espera su marido a las puertas de su casa para ver a la Hermandad del Cerro. 

Con puntualidad las puertas de San José Obrero se abren para dar paso a Jesús del Silencio ante Herodes. Con ritmo pausado, la imagen comienza el recorrido que durará aproximadamente unas diez horas. Aunque el momento más emotivo tiene lugar con la aparición del Cristo del Amor. Sobre un manto rojo de claveles se alza la cruz en la que Jesús agonizaba sus últimas horas de vida. "Se me estremece el alma cada vez que llega este momento. Consigo vivir los mismos sentimientos y emociones que cuando era pequeña, cuando venía hasta aquí cogida de la mano de mi madre", reconoce Josefa con las lágrimas aflorando en sus ojos. 

El cortejo lo cierra la imagen de María Santísima de la Encarnación. Con su manto rojo y el palio adornado por claveles blancos, la dolorosa, llevada por costaleras, se abre paso entre aplausos y gritos de guapa en dirección al Guadalquivir. El momento más emotivo se vive al paso de la hermandad por la Puerta del Puente, cuanto, tal y como dicen los cofrades, su Cristo llega a Córdoba. Este momento consigue llegar a los sentimientos más profundos de los que lo presencian, dejando marcadas en sus memorias una estampa de Domingo de Ramos difícil de olvidar.

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