La devoción más elegante

  • Las mantillas son cada vez más habituales

  • El protocolo manda vestido por la rodilla y sin encaje

Las mujeres vestidas de mantilla se han convertido en parte indispensable de la Semana Santa cordobesa aportando elegancia a los cortejos. Aunque se trata de una tradición que se remontan al siglo XVI, la esencia no se ha perdido y se sigue transmitiendo de madres a hijas de manera fiel. Si bien este atuendo -o más concretamente sólo la mantilla- se destinaba a actos religiosos y al Jueves y Viernes Santo, la vestimenta ha evolucionado y ahora se pueden ver prácticamente en todos los días de la Pasión, así como en otros eventos como bodas.

En el caso concreto de las mantillas como muestra de devoción religiosa hay unos patrones que hay que seguir. Así lo cuenta Paqui Reyes, de la tienda Abril, especializada en este complemento tan andaluz. Lo primero y fundamental es contar con la mantilla en sí, que la hay "de muchas calidades y precios, desde 60 euros se puede conseguir una, hasta 3.000 o 5.000 euros". La calidad va desde la blonda básica a las de chantilly o bordadas a mano. "Calidades hay muchas, pero ahora las que más se lleva la gente son la de chantilly", asegura Reyes. Esta tienda tiene esta prenda durante todo el año -por aquello de las bodas- y de todos los colores. "Ya no sólo las hay negras o marfil, ahora las hacen también plateadas y de más colores". Para Semana Santa, no obstante, el negro sigue siendo el ritual.

Una mantilla puede costar desde 60 euros hasta más de 5.000 si es bordada a mano

¿Qué mas acompaña a una mantilla? Naturalmente, la teja o peina sobre la que descansa la pieza de tela. Y aquí, también hay una gran variedad aunque la mayoría ya son de carey desde que "prohibieron las que se hacían con la concha de tortuga", cuenta Reyes. Cuanto más trabajo tenga el labrado, más caras son las tejas, que se pueden conseguir desde diferentes precios. El velo se coloca sobre la peina y se sujeta con un broche, otro de los complementos que no puede faltar en la indumentaria de una mujer de mantilla. El protocolo dice que sea alargado y de estilo antiguo y a juego con los pendientes, normalmente largos.

Los guantes y el rosario tampoco deben faltar en una cita de marcado carácter religioso cuya función es realizar penitencia junto con una hermandad. En el vestido, por cierto, no hay duda. Debe ser de largo hasta la rodilla, con los hombros cubiertos y poco escote. Nada de encajes y es mejor "cuanto más sobrio", según explica Reyes. Las medias, según los expertos en este protocolo, tienen que ser negras de cristal -no tupidas- y unos zapatos negros de salón con un tacón medio.

Y así todo estará listo para formar parte de una tradición de siglos que en Córdoba sigue teniendo dignas heredaras en todas las hermandades.

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