Todo se ha cumplido...

  • día triste.En las calles todo es recogimiento, las tabernas están cerradas y en las casas las mujeres se afanan en la cocina. En la radio se escuchan programas religiosos y música clásica

El pavimento amanece brillante el Viernes Santo. Una fina lluvia ha caído durante la madrugada, justo cuando la Talegona cantaba al Esparraguero en su entrada. Son las cosas de la primavera. Tras un Jueves Santo espectacular, la lluvia ha hecho acto de presencia durante la noche. No obstante el astro rey compite a muerte con las nubes. Sus rayos comienzan a tomar fuerza. Entre las nubes asoma de cuando en cuando su luminosidad y el cielo se tiñe de un intenso azul. Quiere ganarles la pelea para dotar al Guadalquivir de luz para que se convierta en espejo. Una vez conseguido las aguas del viejo Betis volverán a reflejar así la escena del Descendimiento cuando cruce el viejo Puente Romano.

Es una jornada triste. Todo está opaco en señal de duelo. Cristo está muerto. Era la liturgia preconciliar. Segundo día grande del triduo sacro. El rojo es el color del día, mientras muchas cruces e imágenes de los templos continúan veladas por añejos tules de color morado o negro. En las calles todo es recogimiento. Las tabernas están muchas cerradas y las que permanecen abiertas, tienen sus cristales tintados de alba pintura.

En el interior de las casas las mujeres se afanan en la cocina. Las viejas recetas de vigilia se repiten año tras año. Bacalao con tomate, espinacas esparragás, fritura de pescado y postres tan suculentos como las torrijas, los pestiños, los roscos en incluso en algunos lugares dulcísimas natillas. En la radio se emiten programas religiosos y se escuchan composiciones de música clásica. En algunas locales se pueden escuchar marchas procesiones de los Font, o incluso marchas de ópera adaptadas a banda de música para poder procesionar, caso de Jone de Enrico Petrella.

La tarde irá avanzando y tras los oficios, Córdoba se prepara para el Santo Entierro de Cristo. Aunque la Semana Santa tiene procesiones prácticamente todas sus jornadas, aún pesa en la ciudad el decimonónico decreto del obispo afrancesado. Trivilla redujo las procesiones a una, que era la que de la Compañía partía años tras año. Hoy no ha perdido su carácter de procesión oficial. La rica urna de madera tropical y plata, regalo del Ayuntamiento de la ciudad, acoge el cuerpo inerte del Nazareno. Le preceden representaciones de todas las cofradías, que con los vivos colores de algunos de sus hábitos, dan un toque policromo al decadente cortejo.

Los caballeros del Santo Sepulcro, en traje de calle revestido por capa negra de raso negro y blanca gola, preceden las representaciones de la autoridad, llámese civil, militar y eclesial. El alcalde, gobernador militar y obispo figuran en el cortejo que pondrá fin a la Semana Mayor de la ciudad.

Jesús yace inerte. No muy lejos de allí la Madre sufre. Su mirada triste y su expresión rota la acercan al fiel. Córdoba se vuelca tras de su Madre que, triste y sola, camina por sus calles rota por los Dolores que sufre tras la muerte de su hijo. La plaza de Capuchinos tiene siempre un tono sepia. Sobre sus piedras la Virgen de los Dolores inicia su anual procesión. Córdoba la espera un año más. Avanza con majestad en su paso de plata componiendo una figura, que generación tras generación, forma parte de la memoria de todos los cordobeses en un singular Stabat Mater.

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