La Sangre

El cielo gana el pulso en Capuchinos

  • La lluvia impide a la hermandad de La Sangre hacer su estación de penitencia

"No ha podido ser y tenemos que creer que el año que viene será mejor". Así de convencido se mostraba el hermano mayor de La Sangre, Carlos Rubio, tras tomar una decisión que no por dura, sí que fue inteligente. La previsión meteorológica acertó y la hermandad también en no salir. "Teníamos mucha ilusión, pero tenemos que mantener el patrimonio", reconoció el máximo responsable de la cofradía, que iba de costalero en el paso de palio. Apenas media hora después de decidir que la hermandad no iba a realizar la estación de penitencia, Rubio señalaba que "dentro de lo malo, que esté lloviendo lo pone más fácil".

Los argumentos, que no excusas, se centraron en la probabilidad de lluvia durante toda la tarde y también en los horarios establecidos. Este año, la hermandad de La Sangre salía media hora antes de lo previsto porque inauguraba un nuevo tramo en su recorrido: el que le iba a llevar, por primera vez, hasta la Catedral. "El inconveniente son los horarios, que están muy ajustados, y si nos retrasamos en la salida, implicaríamos al resto de cofradías", sentenció. La lluvia llegó antes de lo previsto, apenas un cuarto de hora antes de la hora fijada para la salida, y llenó Capuchinos de paraguas en un abrir y cerrar de ojos. Las agrupaciones musicales que iban a acompañar a los titulares del Císter: la banda de cornetas y tambores Nuestra Señora del Rosario, de Jaén, y la de la Virgen de la Esperanza, intentaban ensayar bajo la lluvia. Pero el tiempo se echaba encima y aún no sabían si ni siquiera iban a poder tocar la Marcha Real. En un instante y al salir del cocherón donde permanecían las imágenes a mostrar su belleza a Córdoba, la cara de uno de los responsables de La Sangre le delató: la procesión está suspendida.

Sin embargo, lo encapotado del cielo no fue excusa alguna para los fieles que no querían perderse la salida del cortejo cirtenciense con sus capas blancas y cubrerrostros morados, ni tampoco el paso de misterio de Nuestra Padre Jesús de la Sangre. La realidad no les quitó el deseo. Eso sí, en las caras de las esclavinas de esta hermandad joven, que marca el paso a un buen ritmo y que hace un par de años tuvo que darse la vuelta en la plaza de San Miguel porque le sorprendió la lluvia, la tristeza era mucho más visible. Las caras de los más pequeños, esos a quienes el hermano mayor les quiere entregar el patrimonio cofrade en las mejores condiciones que sea posible, reflejaban mucha tristeza, al igual que la de los adolescentes que iban saliendo poco a poco de la iglesia de Capuchinos o la de los costaleros que se abrazaban en un intento de darse consuelo y encontrar esperanza en que el año que viene la situación será totalmente diferente y la lluvia pasará de largo por Capuchinos el Martes Santo.

Pero ni Capuchinos, ni los fieles que acompañan a La Sangre por esas calles tan estrechas cada Semana Santa, se quedaron sin ver a sus titulares. La hermandad abrió las puertas para mostrar a Pilatos dando a elegir al pueblo a Jesús o a Barrabás y su huidiza mirada y antes de lavarse su conciencia y también a Nuestra Señora Reina de los Ángeles y San Juan Evangelista. En menos de tres horas, La Sangre ofreció a sus titulares a los fieles que no dejaron, en ningún momento, de lamentar la decisión alcanzada por la cofradía del Císter.

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