Las Penas

Silencio y devoción en Santiago

  • Los nazarenos de Santiago llegan a la plaza de la Corredera tras pasar por las callejas del barrio

El reloj marca las cinco en punto de la tarde y los fieles se agolpan impacientes en Agustín Moreno. Ni el intenso calor ni el bullicio calman las ansias por ver el desfile procesional de la Hermandad del Santísimo Cristo de las Penas. A la salida de la Cruz de Guía de la iglesia de Santiago el murmullo pasa a un silencio absoluto para recibir a los primeros nazarenos. Este momento de recogimiento tan sólo queda interrumpido por los rezos de los devotos. "Otro año más estoy aquí contigo", decía una mujer en voz muy baja para que su Cristo supiera que estaba allí esperándolo.

A paso lento el Cristo de las Penas sale del templo y el aplauso irrumpe en la calle. El cortejo nazareno -de negro y rojo- comienza a abrirse paso para llegar a San Pedro y de allí a la plaza de la Almagra camino de la Corredera, donde el Santísimo Cristo, una vez termina las estrechas calles del barrio, entra por la plaza de modo triunfal. De nuevo se respira la sensación de silencio contenido que da paso a los aplausos. Con fuerza, pero con dificultad, los costaleros ofrecen su imagen a los fieles. "Hay que tomar los primeros puestos junto al arco para ver la entrada mejor", comenta un penitente. La cofradía afronta ahora su llegada a la Carrera Oficial. Puntual entra y en hora sale para tomar la calle Jesús y María. Llega ahora su paso por la Judería. Con la caída del sol, la bulla es cada vez mayor y casi no se cabe en puntos como Deanes antes de llegar a la Catedral.

Tras el paso del titular se vislumbran los movimientos de la Virgen de la Concepción, siempre limpios y delicados. Cada levantá emociona y encoge a sus fieles que con ojos llorosos no dejan de mirar el rostro de su dolorosa bajo su palio. Mientras los nazarenos avanzan, de los balcones no paran de caer pétalos de rosas y camelias blancas, cuyo olor se impregna con el del incienso creando un ambiente único a su paso. "Guapa, guapa y guapa", vitorean aquellos que esperan a su Virgen.

Poco a poco el desfile procesional avanza por la calle Cardenal González y Lineros. El final está cerca y los nazarenos cada vez están más cansados. El rachear de sus zapatillas indica que las fuerzas flaquean, pero su fe y devoción hace que continúen en dirección de nuevo a su templo. Mientras, los fieles más rápidos guardan sitio de nuevo en Agustín Moreno para despedir a su hermandad que un año más ha contado con un día de luz y esplendor en su recorrido. Son las 23:00 y de nuevo el silencio impregna cada rincón para despedir a la Hermandad de las Penas.

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