La Semana Santa que nació en 1937

  • El paso de palio, que estrenó la Hermandad de las Angustias en 1937, se convirtió en un símbolo para esta cofradía hasta que dos décadas más tarde fue suprimido por indicación del obispo fray Albino. A partir de ese momento se pudo ver en las calles de Córdoba cobijando a Nuestra Señora de la Piedad.

La Semana Santa de Córdoba ha vivido a lo largo de los siglos periodos de esplendor y de decaimiento. Tras un siglo XIX convulso y marcado por el decreto del obispo Pedro Antonio de Trevilla de 1820 que "guillotinaba" la tradicional celebración religiosa en Córdoba, en palabras del pregonero de este año Enrique León, las hermandades no lograron levantar cabeza.

La irrupción de la guerra civil hizo que en aquellas ciudades en las que venció el bando del general Franco se produjese un despertar de la religiosidad popular. Las autoridades políticas y religiosas se encargaron de alentar una nueva etapa que, en el caso de Córdoba, le sirvió para restañar las heridas de su pasado.

El auge

En el periodo comprendido entre 1937 y 1944 se fundaron en Córdoba diez cofradías de las 36 que actualmente realizan estación de penitencia por las calles de la ciudad. En algunos casos se revitalizaron antiguas hermandades, pero el grueso fueron de nuevo cuño y algunas de ellas con una clara vinculación con los estamentos del nuevo régimen.

Las dos primeras que se fundaron, en 1937, fueron las de la Misericordia y la del Descendimiento, que este año celebran su 75 aniversario. Dentro de dos años le corresponderá esta celebración a las cofradías de la Pasión y la Caridad, y al año siguiente será la efemérides de la Esperanza, la Paz. Después llegarán los del Rescatado (1941), Borriquita (1944), Sentencia (1944) o Buena Muerte (1944).

El cambio

Los dirigentes cofrades y políticos eran conscientes desde el primer momento de que se había entrado en una nueva era. En el primer número de la revista Cofradías Cordobesas, aparecido en la Cuaresma de 1937 al calor de este nuevo clima, el alcalde, José Castanys, describía la situación con estas palabras: "No ha sido sólo mi deseo lograr el preciso lucimiento de las procesiones. Ello, desde luego, lo he intentado y puedo adelantar que habré de conseguirlo; pero quiero resaltar que he puesto al mismo tiempo un decidido empeño en que los cultos y ejercicios propios de la Cuaresma y Semana Santa gocen también de la debida atención del pueblo católico, ya que estamos actualmente atravesando unas circunstancias muy propicias a la meditación y la penitencia, en las cuales todos los creyentes debemos solicitar por medio de la oración los beneficios divinos para nuestra querida España". Toda una declaración de intenciones.

la recuperación

Los cordobeses estaban ayunos de Semana Santa desde hacía algunos años. Las autoridades republicanas prohibieron los cortejos procesionales de los años 1932, 1933 y 1934. El gobierno conservador de 1935 las volvió a permitir, aunque al año siguiente se volvió a la situación precedente. Las autoridades no llegaron a establecer un veto explícito, pero pusieron un número de trabas de tal volumen que fue prácticamente imposible volver a recuperar la Semana Santa.

La única hermandad que se atrevió a salir a la calle en 1936 fue la de las Angustias. Ante la previsión de atentados, la portentosa imagen de Juan de Mesa había sido retirada en febrero de la iglesia de San Agustín y escondida en la casa de su hermano mayor, Manuel Revuelto, en la calle Lope de Hoces. De ahí volvió para la procesión y terminada ésta volvió a resguardarse en un lugar seguro de donde se salvó de su destrucción. San Agustín ardió de forma intencionada el 18 de julio de ese año.

Todo esto hizo que en 1937 se organizase una Semana Santa especial que se diferenciase de las de años anteriores. La Hermandad de las Angustias estrenó una llamativo paso de palio que vino a marcar una época en la ciudad. Con una pesada orfebrería de Angulo y bordados de las madres Adoratrices causó sensación entre unos cofrades acostumbrados hasta entonces a una puesta en escena menos suntuosa.

La Hermandad de los Dolores no se quedó atrás y también estrenó en 1937 los respiraderos de plata con los que aún realiza estación de penitencia. La realización de los mismos partió del sanguinario Bruno Ibáñez, el jefe del Orden Público responsable de la represión de esos meses. Convocó una suscripción pública a la que muy pocos se resistieron, puesto que la aparición en la prensa del nombre de los donantes era un salvoconducto para salvar la vida.

Precisamente, estas dos hermandades desarrollaron en este tiempo una labor humanitaria que está aún por investigar. Tanto las Angustias como los Dolores abrieron las puertas como hermanos a todos aquellos que querían ofrecer ante las autoridades del nuevo régimen una imagen que encajase con los postulados del nacionalcatolicismo. A todo esto se sumó la expedición masiva de patentes, o certificados, que garantizaba que una determinada persona pertenecía desde antiguo a estas corporaciones religiosas, por si había algún tipo de duda.

operación de imagen

De lo que se trataba, en el fondo, era de quedar bien con los nuevos dirigentes políticos. Lo importante era realizar acciones en el plano religioso que tuviesen una destacada repercusión pública. Si las hermandades clásicas de Córdoba ya estaban atestadas de hermanos había que fundar otras nuevas y así saltar al primer plano de la actualidad.

Un grupo de devotos que había dado culto durante la guerra civil a la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia en la iglesia de San Juan de Letrán, actualmente en San Lorenzo, fundó en 1940 una cofradía que en febrero de dicho año recaló en Capuchinos después de bendecir, el 8 de septiembre de 1939, a la Virgen de la Paz y Esperanza en San Andrés. Siempre se relacionó esta advocación con el deseo de finalización de la guerra civil.

Un grupo de comerciantes y de representantes de la burguesía local fundó en 1939 la Hermandad del Señor de la Caridad sobre las raíces de la desaparecida cofradía hospitalaria extinguida. En el mismo año se crea en San Basilio la Hermandad de la Pasión y la de la Esperanza en Santa Marina. En 1941 se recupera la del Rescatado y en 1944 un grupo de abogados y de miembros de la judicatura ponen en marcha la de la Sentencia. En el mismo año echan a andar las de la Buena Muerte y la Borriquita. Todos ellos querían tener su papel en la nueva etapa.

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