Niños, globos y mucho sol

  • El cambio de recorrido de la hermandad de la Entrada Triunfal, para hacer estación de penitencia en la Catedral, hizo que la multitud no se quedara en el centro y se desplazara al mediodía a la Judería.

LA llegada del Domingo de Ramos es uno de los momentos más esperados por los cofrades y por muchos que no lo son. No sólo marca el inicio de la Semana Santa sino que es una jornada en la que hay que salir a la calle, en familia, con los niños, a disfrutar de la llegada del buen tiempo que este año se ha anticipado con creces. Por el aspecto de quienes abarrotaban las calles se puede asegurar que la tradición de estrenar algo sigue vigente o, en caso contrario, vale con vestirse de punta en blanco.

El Domingo de Ramos arranca en Córdoba de una manera especial. Por un lado están quienes se dirigen a San Lorenzo para ver la salida de la Borriquita; por otro, los que marchan hacia la Catedral para la procesión de las palmas. Entre tanto, están quienes simplemente gozan del centro de la ciudad, de los palcos y las sillas recién colocadas, de un desayuno con jeringos o de las mesas petitorias que instalan diversas hermandades en las que es posible encontrar el merchandising cofrade más variado.

Conforme se acerca la hora de la llegada de la hermandad de la Borriquita a la carrera oficial, el colapso peatonal comienza a ser una realidad en distintos puntos, como la calle San Pablo, las bocacalles de Claudio Marcelo o el entorno de Jesús María. El cambio experimentado este año por la cofradía de la Entrada Triunfal pilló desprevenido a más de uno. Estos esperaban que después de pasar por carrera oficial se adentrase el cortejo por el vericueto callejero de San Álvaro, San Miguel, San Zoilo o Torres Cabrera.

Pero no fue así. El cambio principal en el itinerario de esta cofradía permitió que hicieran estación de penitencia en la Catedral. Este cambio hizo que la masa humana se desplazara hacia la Judería copando un Patio de los Naranjos en el que apenas quedaron huecos libres para contemplar, entre el sol y los árboles, entre empujones y cámaras fotográficas, a la hermandad de la Borriquita.

Esta circunstancia no evitó que las calles del centro tuvieran su ambiente de siempre. La bonanza meteorológica hizo que las terrazas de los bares se ocuparan en su totalidad. La estrategia consiste en aprovechar así las horas centrales del día para enlazar con la parte vespertina del Domingo de Ramos, cuyas cofradías salen a la calle a una hora temprana.

Esto hace que el paisaje urbano cambie de forma considerable. Por un aparte, la calle Cruz Conde se convirtió ayer en el gran vestíbulo de la carrera oficial por el que se paseaba hasta hacer hora para ver las procesiones. En sus bocacalles se encuentran instalados durante todos estos días los puestos efímeros que venden los objetos más diversos: desde tambores y cornetas en miniatura para contentar los deseos de los más pequeños, a las voluminosas nubes de algodón dulce, así como chucherías diversas y el inevitable coco duchado. En estos puestos callejeros no suelen faltar las bolsas de pipas, de todos los tamaños, que se convierten en fieles aliadas cuando hay que esperar durante largo rato en la acera la llegada de la procesión.

Estos minutos, largos en muchas ocasiones, hay que mitigarlos de alguna manera. En el caso de los adultos es más fácil, mientras que para los más pequeños la solución más rápida es contentarlos con esos globos metalizados que se alzan ante los pasos y que son la pesadilla de los fotógrafos porque destrozan cualquier instantánea  con la presencia inoportuna de Bob Esponja o de Dora la Exploradora.

Con la presencia de cofradías en la calle en los días que restan de Semana Santa este ambiente del Domingo de Ramos no se volverá a repetir. Es intrínseco al mismo y nace y muere en esta jornada, porque es una de sus señas de identidad. Además, aparte de la faceta lúdica, no son pocas las personas que aprovechan para recorrer las iglesias y poder admirar los pasos prácticamente montados y que saldrán a la calle en los próximos días. Las iglesias del centro son las más concurridas, así como las que componen el eje más cofrade de la ciudad y que está conformado por los templos de San Pablo, San Andrés, San Lorenzo, Salesianos y Trinitarios. En todos ellos hay hermandades de raigambre y el ambiente característico en sus inmediaciones así lo delata.

Esta circunstancia hace que también se beneficie el sector de la hostelería en otros barrios de la ciudad, porque si la Semana Santa se caracteriza por algo es por generar riqueza en diversos sectores productivos, como recogió el estudio realizado hace dos años por Analistas Económicos de Andalucía. La jornada de ayer, más que ningún año, fue de bares. El fuerte calor que se vivió en las calles de Córdoba desde primera hora hizo que se buscasen con avidez lugares en los que refrescar la garganta a la vez que se protegían de los rayos de un sol que cayó con una intensidad que no se recordaba en otro Domingo de Ramos.

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