Otro Miércoles Santo más de lluvia, paraguas y desilusión

  • Tras una mañana soleada, las primeras gotas empiezan a caer al mediodía

Desgraciadamente se está convirtiendo en la tónica del Miércoles Santo. Al igual que en los últimos cuatro, es ésta una jornada que queda marcada para los anales por la presencia indeseada de la lluvia, una circunstancia que vuelve a fastidiar buena parte de las estaciones de penitencia.

Las previsiones meteorológicas indicaban desde hace unos días que el agua estaría presente en este Miércoles Santo, una circunstancia que nadie quería dar por cierta, menos aún cuando por la mañana el cielo estaba despejado y parecía que la amenaza estaba descartada. Pero todo cambió a partir de las 15:00.

Conforme se aproximaba la hora de la salida de las primeras cofradías de la jornada el cielo se iba oscureciendo, las nubes mostraban su peor aspecto y el descenso de las temperatura adelantaba los peores presagios. Los nazarenos se dirigían con celeridad a San Basilio y a San Roque, sabedores de que cualquier cosa podía ocurrir.

A las 16:00 horas comenzaron a caer las primeras gotas. Con debilidad, pero con insistencia mojaban el suelo. El ambiente de la calle Buen Pastor -frío y gris- intentaba disimular la certeza de las previsiones meteorológicas. En la misma puerta del Buen Pastor se agolpaba la gente como si realmente fuese a salir el cortejo de nazarenos blancos y negros. Pero no, no pudo ser.

La junta de gobierno del Perdón quería tener la mayor certeza posible en la previsión meteorológica. Para ello, solicitaron por dos veces a la Agrupación de Cofradías la prórroga de media hora para aquilatar mejor su decisión. La experiencia de esta corporación de los últimos cuatro años, en los que el agua frustró la realización de la estación de penitencia, debió pesar cuando en torno a las 17:30 comunicaron que se quedaban en casa.

En San Basilio ocurrió algo parecido. Ambas hermandades saben bien de regresos precipitados y de un patrimonio dañado por efecto del agua. Por eso, la junta de gobierno también se sumó a la decisión de no realizar la salida procesional. A la vista de lo sufrido en los últimos años, la cofradía de la Pasión había ideado un sistema para evitar la experiencia de los años precedentes.

Casi nadie advirtió en el paso de la Virgen del Amor un dispositivo instalado en la parte superior, consistente en unos plásticos transparentes, enrollados como persianas, que se despliegan con rapidez para proteger el paso en caso de lluvia inesperada. Pero como el agua cayó antes de pisar la calle, el invento quedó inédito.

Mientras tanto, en la calle se miraba el cielo con la duda de lo que iba a hacer el resto de cofradías. Todavía quedaba un par de horas por la parte más corta para que La Paz saliera a la plaza de Capuchinos, ya que El Calvario y La Misericordia tenían una hora de salida más tardía.

En la calle no se veían más que paraguas. Pese a la vista del derrotero que iba tomando la jornada, los operarios de la Agrupación de Cofradías comienzan el montaje de la carrera oficial, disponiendo milimétricamente cada una de las sillas, tanto en los palcos como en las aceras. Todas ellas quedaron solitarias y empapadas hasta que comenzaron a ser recogidas alrededor de las 21:00.

En la nave anexa al convento de Capuchinos se apuraban los minutos. La hermandad de la Paz apuró la prórroga preceptiva y con los informes facilitados por el Instituto Nacional de Meteorología, acordó no iniciar la estación de penitencia. En este momento comenzó un discurrir emocionado ante los titulares de los nazarenos que hasta ese momento habían estado en la iglesia. Los pasos perfectamente dispuestos se convirtieron en el objetivo de los centenares de personas que hasta ese momento habían ocupado, paraguas en ristre, las inmediaciones del Cristo de los Faroles.

El Calvario y la Misericordia no se lo pensaron tanto. Como a la hora de sus respectivas salidas seguía lloviznando sobre la ciudad, anunciaron, incluso con antelación, que no habría procesión.

Las puertas de San Pedro y San Pablo, al igual que las de San Basilio, San Roque y Capuchinos, se abrieron para celebrar de modo forzado un día de la Semana Santa que no llegó a consumarse en la plenitud en la que durante todo un año soñaron los cofrades.

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