Encuentro con el Señor de los Reyes bajo un cielo nuboso

  • l vera cruzLos vecinos del Campo de la Verdad llenan el paseo del Cristo del Descendimiento, pese al presagio de la lluvia, para despedir a su hermandad en su camino al centro

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Nubarrones y unos cuantos rayos de sol, turistas y vecinos de toda la vida. La salida de la Hermandad de la Vera Cruz de la parroquia de San José y Espíritu Santo, en el corazón del Campo de la Verdad, es cada tarde de Lunes Santo un motivo de encuentro. Para los vecinos que, como si formaran parte de un ritual, se arremolinan en el paseo del Cristo del Descendimiento. Y también para los turistas que, atraídos por el movimiento, dejan por unos minutos los itinerarios prefabricados y se adentran en uno de los barrios más populares de la ciudad.

En protagonistas nunca bienvenidos en ese encuentro se convirtieron ayer los nubarrones que, arrastrados por un viento húmedo de lluvia, paseaban por la plaza de Santa Teresa a las cinco de la tarde. Quienes aguardaban en el bar Miguelito en torno a una taza de café, quienes esperaban en los balcones de los bloques, las madres que acompañaban a sus pequeños con la túnica de nazarenos, los costaleros, los músicos de la banda, todos, estaban ya preparados para una tarde de desánimo. "En Sevilla llueve a mares", presagiaban los más pesimistas. Pero el cabildo de aguas de la hermandad ni siquiera llegó a reunirse y a pocos minutos de las cinco la noticia corrió de voz en voz: "Salimos".

Puertas abiertas de par en par y en el interior de la iglesia, recortado entre la penumbra, espera el Señor de la Vera Cruz sobre un calvario de claveles rojos. La salida es dificultosa: "Al frente, muy poco a poco", indica el capataz. Hay vecinos que se santiguan y niños que dicen que, de mayores, quieren meterse debajo del paso. Nuestro Señor de los Reyes sale poco a poco, con los costaleros casi en cuclillas. La cruz que porta está a punto de tocar la puerta: "Que roza, que roza", dice una vecina con la voz rota. La banda de Nuestra Señora de la Merced del Viso del Alcor (Sevilla) entona la marcha Cristo del Amor cuando el paso ya está en la calle. La primera levantá es para el sargento Joaquín Moya, muerto en noviembre en un atentado en Afganistán.

Le sigue Nuestra Señora del Dulce Nombre. Lágrimas de dolor envueltas en claveles blancos y olor a azahar. Los varales crujen camino de la puerta. Fuera espera la banda de música de la Esperanza, la única de Córdoba con presencia todos los días -a excepción del Domingo de Resurrección- en las procesiones de la capital. "No vale engancharse del paso", advierte un costalero a sus compañeros antes de meterse debajo del palio. "Todos por igual. De frente", les indica el capataz. La banda de la Esperanza entona Dulce Nombre, de José Juan Gámez. Queda mucha tarde de Lunes Santo mecida por el viento.

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