Ánimas

Broche de tinieblas y canto de 'Miserere'

  • La hermandad confirma la salida procesional sólo 25 minutos antes del inicio previsto de la estación

A pesar de que todas las hermandades estaban en la calle, la previsión meteorológica había evolucionado de manera más que favorable y, sobre todo, apenas si quedaba rastro alguno de las nubes que cubrían el cielo sólo unas horas antes, la salida de Ánimas no era del todo seguro. Pero estas dudas no minaron la moral de los cofrades, que se acercaron en masa a la plaza de San Lorenzo para abarrotar cada rincón de este espacio del Casco Histórico de la ciudad. Esa incertidumbre cesó cuando unos 25 minutos antes de la hora prevista para el arranque de la procesión se daba por seguro, ya sin marcha atrás, que esta singular cofradía se convertiría en la sexta y última corporación del Lunes Santo en ordenar que el cortejo tomara el pórtico de la iglesia en dirección a la calle. Esta decisión, muy esperada entre los fieles, provocó algún que otro aplauso, un sonido que va muy poco en consonancia con el estilo de una cofradía que pide silencio y sólo silencio.

Durante días, la procesión se había dado casi por perdida. Muy pocos confiaban en que Ánimas retaría al mal tiempo y llegaría a la carrera oficial. Pero no fue una cuestión de lo que algunos llaman valentía. Ánimas lo tenía todo bien atado. Su junta de gobierno, que no se suele caracterizar por tomar decisiones a la ligera, se había cerciorado de que ninguna nube volvería a surcar el cielo de Córdoba y, sobre todo, que el chaparrón era poco menos que imposible.

Pero las inmensas ganas que había entre los allí presentes de que se celebrara en procesión no se tradujeron en respeto. ¿Qué queda ya de ese silencio sepulcral desde el mismo momento en el que sonaba el golpe en el portón? Poco, por no decir nada. Ruido de latas y bolsas de plástico, el incesante chasquido de las cáscaras de pipas y hasta las voces de amigos que se saludan de un extremo a otro de la plaza. "Ya no hay respeto ninguno; pero desde hace años, no es sólo de ahora", apuntaba una señora con gesto de desesperación en uno de los laterales de la iglesia.

Ni un pero se le puede poner, sin embargo, a la compostura guardada por el cortejo, posiblemente el más singular y el más admirado por todo aquel que pisa la ciudad de nuevas. No dejan de impresionar elementos como la espesa humareda que provoca el incienso al quemarlo, la enlutada fila de nazarenos portando faroles del viático, el palio de respeto que va tras el paso del crucificado, la propia encarnadura renegrida del titular, el vuelo de su velo de tiniebla, el trabajado baldaquino bajo el que se sitúa la Virgen de las Tristezas, los cantos del Miserere y el Stabat Mater y ese larga nómina de detalles que tan sólo los hermanos de Ánimas saben cuidar hasta límites extremos.

Fue, en definitiva, la noche perfecta para la estación de penitencia de esta hermandad. Noche cerrada con la única luz de la luna y la tiniebla de los faroles que precedían a los titulares. Puede que fuera además la última noche tranquila en la ciudad en lo que a meteorología se refiere. Habrá que esperar nuevos partes, pero todo apunta a que esta procesión pudo poner el broche.

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