José Campos. Cofrade ejemplar

"Añoro la solemnidad que se le daba al Santo Entierro"

  • Campos comparte el título de cofrade ejemplar junto a Antonio Romero, del Amor y el Caído

José Campos (Córdoba, 1931), cofrade ejemplar junto a Antonio Romero, y el hermano de mayor antigüedad de la Paz y Esperanza, es lo más parecido a un libro de recuerdos de la Semana Santa cordobesa. Participó en la primera estación de penitencia de la Paz, en 1941, cuando la cofradía desfilaba en Domingo de Ramos, y vio a llegar a la Catedral a todas las procesiones. También vivió la transición de los faeneros a los hermanos costaleros bajo las trabajaderas e infinidad de momentos que han marcado la historia de la Pasión en esta ciudad. Su fidelidad y dedicación a la Paz y Esperanza, su única hermandad, es total desde hace 70 años.

-Dicen que llegó por casualidad a la cofradía de sus amores.

-Mi familia tenía una confitería, la Mexicana en la calle de la Plata, y un día llegó publicidad de la Paz y Esperanza. Aún era un nene, ni siquiera tenía diez años de edad, pero le dije a mi padre que quería pertenecer a esa cofradía. Él me dijo que sí y hasta hoy.

-¿Recuerda su primera procesión?

-Fue mi primera procesión y también la de la Paz y Esperanza. Nunca antes habíamos salido, ni Ella ni yo. Recuerdo que fue el 6 de abril de 1941, un Domingo de Ramos. Aunque todavía era un crío, yo fui con mi cirio y mi capuchón. No quería esclavina, porque ya me creía mayor a pesar de que todavía no había cumplido los diez años.

-Imagino que guarda alguna anécdota de aquel día.

-Pues sí que guardo alguna. La mejor tiene que ver con el hecho de querer ir cubierto y no con esclavina. Resulta que cuando acordé ya no había cartones para mí, ya se habían acabado. Fue un tío mío, Miguel Fernández, quien me fabricó un capuchón con una de las bandejas que se utilizaban en la confitería para los pasteles. Aquello apretaba una barbaridad, hasta el punto de que estuve casi un mes con marcas en la cabeza.

-¿Ha cambiado mucho la procesión de la Paz desde entonces?

-Ahora somos 700 nazarenos y en aquella primera procesión apenas si llegábamos a los 150. Tampoco salía el Señor, que lo hizo dos años después. Al ser aún niño iba de los primeros y podía ver a la Virgen de la Paz y Esperanza. Ahora si vas al principio es imposible que eso suceda.

-¿Cómo era aquella Semana Santa?

-Puedo hablar de muchas cosas, pero me voy a detener en el capítulo de los costaleros. Nuestra cofradía, por suerte, tenía faeneros de sobra que venían del mercado y los muelles. Nunca hemos tenido que ir a ruedas, porque siempre ha habido personas que la llevan, primero los faeneros, a los que se les pagaba, y luego, ya en los años 70, a los hermanos costaleros.

-¿Cuánto se les pagaba?

-Puedo decir lo que les pagaba cuando yo era tesorero, en los 70. Entonces se les daba 50 duros a cada uno y se iban encantados. También recuerdo que se llevaban una arroba de vino para que se la bebieran en su casa cuando quisieran.

-¿Se imagina el paso de la Paz y Esperanza llevado a ruedas?

-No luce igual. Los costaleros, con su sacrificio, le dan un ambiente muy especial a la Semana Santa. En nuestra hermandad nunca ha habido ningún problema con ellos, aunque sí sé que en otras hermandades sí han dado guerra. Ni siquiera los hubo aquel año en el que los faeneros hicieron un plante a algunas cofradías. En la Paz estaban muy a gusto y no pasó absolutamente nada. Yo les dije que no nos dejaran tirados en mitad de la calle, porque allí se quedaría el paso hasta que viniera una grúa a llevárselo.

-También ha habido una evolución artística.

-Las hermandades han adquirido más patrimonio y ahora se borda en oro fino y plata, sin recortes. La mejoría es muy considerable.

-¿Y las devociones?

-Pues también son mejores. Yo no me creo que una persona espere tres horas en la misma esquina y no sienta nada por los titulares. Si está tanto tiempo ahí es porque lo siente. No entiendo las críticas a esas personas, como tampoco las que van dirigidas al que se pone la túnica de nazareno.

-Usted vio a todas las hermandades pasar por la Catedral. ¿Le gustaría que volviera a ocurrir?

-Bajamos tres años seguidos, pero aquello sólo era un paseo por el Patio de los Naranjos y nada más. No había representación eclesiástica. Naturalmente que es mejor llegar a la Catedral, pero siempre con un sentido religioso y no dar un paseo simplemente por darlo.

-¿Y que piensa de que la carrera oficial sea Las Tendillas?

-Es de lo mejorcito que hay. Luce mucho.

-¿Se esperaba el título de cofrade ejemplar?

-Ya me nombraron hermano de honor en la Paz y, aunque es lo que suele decirse en estos casos, no sé si me merezco ser cofrade ejemplar. Supongo que los 70 años de túnica que llevo tienen algo que ver.

-¿Qué le queda por ver en la Semana Santa cordobesa?

-Añoro que las autoridades, civiles, militares y religiosas, y las cofradías acompañaran al Santo Entierro. La última vez fue hace casi 40 años. Me gustaría volver a verlo. Añoro, en definitiva, la solemnidad que se le daba al Santo Entierro.

-¿Y qué eliminaría?

-Eliminar nada, pero es verdad que echo en falta algo de decoro en la calle. Hay gente que va de cualquier manera a ver las procesiones.

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