Ciencia

Una vida entre robots

  • Un grupo de científicos de la Escuela Superiod de Informática de Málaga está desarrollando una máquina que hará tareas industriales y también domésticas

Películas como Inteligencia Artificial, Yo Robot o clásicas como Blade Runner han cautivado a los amantes de la ciencia ficción. ¿Llegará algún día que los seres humanos convivan con los robots? Países como Japón o Corea han apostado fuerte por una política científica para desarrollar robots de servicios y la NASA manda a Marte sus vehículos robóticos de exploración. Pero la robótica no sólo es cosa de yanquis y orientales. En la Escuela Superior de Informática de Málaga un grupo de nueve personas trabajan desde enero de 2006 en el proyecto Robots móviles en entornos con presencia humana dirigido por el profesor Antonio Javier González. El proyecto consiste en crear una máquina que sea capaz de moverse libremente e interactuar con todo individuo que se le aproxime. Una máquina que ya tiene nombre: Picasso.  A través de una serie de sensores, controlará sus movimientos y conocerá la situación exacta de cada sujeto en cualquier instante.

Picasso se ha diseñado para trabajar en ferias, museos exposiciones y actividades de información turística, no se ha creado para realizar labores industriales. Así, si alguien necesita información más detallada sobre un cuadro, por ejemplo, puede acercarse al robot e indicarle a través de la pantalla táctil lo que desea. Incluso se pretende que el robot pueda guiar a los visitantes a otras salas según lo que éstos necesiten. “El robot va dotado de un ordenador a bordo conectado a internet que permite ofrecer información de todo tipo: noticias de última hora, compras por internet o llamar a servicios de emergencia cuando asista a personas con problemas de salud. Un robot de servicio o asistencia también puede vigilar una vivienda o realizar operaciones en ella cuando el dueño se encuentre fuera”, apunta el profesor González.

La máquina se mueve a través de un mapa que crea mediante una serie de sensores. El robot dispone de una serie lateral de sensores que le ayudan a determinar la situación de las paredes, objetos y personas que se encuentran en el área de barrido y también de sensores acústicos dirigidos hacia el suelo capaces de detectar las imperfecciones de la superficie por la que transita. “La construcción de mapas en entornos cambiantes es un tema muy complejo donde trabaja la comunidad robótica internacional desde hace años”, confiesa Javier González. Pero el profesor tiene claro que algún día estos robots de servicio llegarán al mercado y que podrán interaccionar con las personas sin que éstas tengan que ser expertas en informática o robótica. “Para esto es fundamental desarrollar interfaces cómodos y simples como pantalla táctil, detector de voz y monitor”.

Picasso no está solo, tiene un amigo, Sancho. Pero éste es un robot más simple, con menos sensores, con menos autonomía y capacidad de carga, entre otras cosas. “La idea es dejar a Sancho para las pruebas de laboratorios y a Picasso para las demostraciones públicas y a empresas”, retoma el director del grupo de científicos malagueños.

Además de todo esto, Picasso conoce sus limitaciones. Si en algún momento la máquina necesita realizar una acción que precise la ayuda de un humano, como abrir una puerta o llamar al ascensor, la idea es que sea capaz de avisar a alguien.

Mientras estos robots llegan a la vida cotidiana, habrá que conformarse viendo a Harrison Ford en Blade Runner. Quién sabe si la realidad superará la ciencia ficción algún día.

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