Consecuencias de la huelga

La puntilla a la crisis de la pesca

  • La subida de los precios del gasóleo ha disminuido la ya de por sí exigua rentabilidad de los barcos de pesca. La decadencia del colectivo pesquero en el Puerto de Santa María es un fiel reflejo de los malos tiempos del sector

Barcos amarrados a puerto, lonjas sin actividad y pescadores en los muelles a la espera de noticias. Ha sido el panorama de los puertos andaluces durante las dos últimas semanas. El sector protesta a escala nacional por la desorbitada subida del precio del gasoil de los últimos meses. Pero su reivindicación se ha enlazado, incluso eclipsado, con la de los transportistas. Sí fueron protagonistas el pasado miércoles, durante una gran manifestación en Sevilla en la que hubo, incluso, un duro enfrentamiento con la Policía Nacional. 

En esta protesta estuvieron presentes los armadores y pescadores de El Puerto de Santa María (Cádiz), un colectivo que es un fiel reflejo de la situación del sector andaluz. Porque si crisis es la palabra más recurrida al referirse a la pesca, el mejor término que define la situación en El Puerto es decadencia. Y las cifras lo corroboran. En 1985 había más de 150 barcos adscritos a la dársena portuense; a día de hoy apenas se supera la quincena.

La pérdida del caladero de Marruecos a finales de los noventa asestó un duro revés a un colectivo ya herido de muerte desde hacía años y del que no hay esperanza de recuperación. La flota de Barbate fue una de las mayores perjudicadas. Pero también hubo otras muchas víctimas que no tuvieron tanta trascendencia, caso de El Puerto de Santa María. “Esto ya no tiene color”.  Así de rotundo se muestra Antonio Ares, que dirige la asociación Nuevos Armadores, que representa a la totalidad de la flota pesquera con sede en la ciudad.

El Puerto, por no tener, ya no tiene ni cofradía de pescadores. Esta corporación  desapareció, por decisión de los propios armadores, hace dos años. Es ahora esta asociación la que representa a la quincena de barcos de este puerto fluvial situado a escasos metros de la desembocadura del río Guadalete.

Por eso, porque ya hay poco que perder, los pescadores portuenses fueron los primeros en Andalucía en secundar el paro nacional e indefinido que convocaron las cofradías desde el 30 de mayo. Cuatro días antes, los barcos portuenses ya habían dejado de faenar y habían protagonizado algún que otro corte de carretera. “Ya no es rentable salir a la mar”, comenta Ares de forma rotunda. “Qué menos que un pescador se lleve 300 euros semanales a su casa porque si no más vale que se quede en tierra y se busque otra cosa”, añade.

Al sector le había surgido un frente que antes preocupaba aunque no ahogaba pero que ha acabado por ahondar aún más en la herida sangrante que arrastra de forma endémica. En los dos últimos años, el precio del gasóleo casi se ha duplicado, un incremento especialmente significativo en los últimos meses.

La consecuencia es sencilla: más gastos, menos rentabilidad. A día de hoy, un  arrastrero que faena en el Golfo de Cádiz necesita entre 5.000 y 7.000 litros de gasoil a la semana. Según estimaciones de la asociación Nuevos Armadores de El Puerto, a día de hoy el propietario de un barco debe hacer ventas por valor de unos 12.000 euros por semana aproximadamente en lonja para poder hacer frente a todos los gastos, incluido el sueldo de los tripulantes, una cifra a la que pocos pueden llegar.

El alza del gasoil ha sido la puntilla para el sector, pero no es el único problema sino el más visible. Hay uno de mayor calado. Antonio Ares comenta que el precio del pescado es cada vez más bajo y lo achaca especialmente a la competencia del producto de importación, aunque esta circunstancia no haya repercutido en el precio final del cliente en la pescadería o en la plaza de abastos.

El Puerto de Santa María es un ejemplo de la tendencia actual de la pesca. El mayor competidor de los barcos está en los mercados mayoristas, donde se vende el pescado que procede de otros países. El Puerto también cuenta con su propio merca, ubicado  precisamente a escasos 20 metros de la lonja pesquera. Durante el año pasado, según datos de la Consejería de Agricultura y Pesca, en la sala de mayoristas se subastaron más de 6.600 toneladas de pescado. En cambio, en la lonja portuense apenas se llegó a las 5.400 toneladas y eso que es la quinta en volumen de ventas de la comunidad autónoma. “Ya conviene más tener un camión con cámara frigorífica que un barco”, apostilla el armador con cierta guasa.

La Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz, que gestiona el muelle portuense, ha reiterado que la presencia de ambas salas no es un problema, sino una ventaja puesto que se ofrece al comprador mayorista una variedad de productos que en otros puertos no tiene.  De hecho es el único muelle en toda España que tiene juntas ambas instalaciones. Sinergia es la palabra más utilizada entre los defensores de las dos salas.

Por el contrario, el sector extractivo le reserva términos más demoledores y menos amables: “Es un cáncer, una ruina para nuestros barcos”. De hecho, en ambos mercados se suele comercializar a la vez un mismo producto pero a muy distinto precio. Al armador le queda como único recurso que su pescado tiene la etiqueta del Golfo de Cádiz ya que no puede llegar al precio de la sala de mayoristas.

Los enfrentamientos entre el colectivo extractivo y las asociaciones que engloban a las vendedurías de la zona pesquera han sido constantes durante estos últimos años. Incluso ha habido plantes temporales de unos contra otros. Es un problema más al que añadir a un sector al que precisamente le sobran los problemas. Ni siquiera revitalizó al sector la millonaria inversión que hizo la Autoridad Portuaria hace dos años en el muelle pesquero. Se hicieron nuevas salas de ventas (tanto una lonja como una para el mercado mayoristas). Pero la tendencia se ha mantenido. Así, mientras la actividad de la lonja continúa, en el merca sigue creciendo.

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