Educación

La penúltima oportunidad

  • Más de 35.000 personas se presentan el 22 de junio a la primera prueba de las oposiciones de Secundaria y otros cinco cuerpos docentes. La convocatoria, de 9.089 plazas, es la mayor en el ámbito educativo de la historia de la autonomía

Cristina Mera, granadina de Motril, se conoce bien la geografía andaluza y no precisamente por placer. Ha trabajado en Sevilla, Cádiz, Córdoba, Almería, Málaga y Jaén, siempre en pueblos pequeños. Es profesora de Dibujo desde hace cinco años. Profesora interina. La situación más extrema que vivió fue una sustitución en Puente Genil (Córdoba), en noviembre del año pasado. Estuvo únicamente seis días trabajando. “Vives en un hostal, sin saber si te vas a quedar unos días o unos meses, sin poder alquilar un piso porque no sabes si te vas a quedar, sin hacer planes. Y en el instituto los alumnos saben que eres sustituta y tienes que echarle cara y decir que te quedas todo el año y que los vas a evaluar. Si no, te toman por el pito del sereno”.

Este nomadismo es habitual entre los interinos. Y es normal que exista una bolsa de profesores con este perfil, para cubrir temporalmente bajas y vacantes. Pero en la última década y media su número ha crecido hasta constituir entre el 20 y el 25% de todo el cuerpo de profesores en la enseñanza pública, unos 90.000 en total en Andalucía. Desde los primeros años noventa, la Consejería de Educación ha aumentado y diversificado sustancialmente su oferta educativa, y ello no ha ido en consonancia en ocasiones con la oferta pública de empleo. La consecuencia es que ha crecido el número de interinos. El modelo de oposición, además, es eliminatorio. Si no se superaba la prueba escrita, ni siquiera se tenía acceso al aprobado. Y eso impedía a muchos interinos aportar su experiencia como valor para la puntuación final, factor clave, para ellos, a la hora de acceder a la función pública

Consecuencia: se generó un problema social, con miles de personas con varios años de servicio y sin ser fijos. En 2002, la Junta de Andalucía abordó el asunto y garantizó la estabilidad laboral para los que llevaran un año de servicio mínimo con fecha de diciembre de 2000. Se convirtieron en funcionarios sin serlo. Aún así, los interinos siguieron creciendo y es ahora, en 2007 en Primaria y este mismo mes en Secundaria yFormación Profesional, cuando se va a aplicar el bisturí.Y se hará en forma de concurso-oposición.

Tras la directiva europea que obliga a que el número de interinos sea del 8%, el Gobierno aprobó, incluyó en la Ley Orgánica de Educación una disposición que imponía un modelo transitorio de oposición, mucho más favorable a los interinos. Y la Junta ha aprovechado, además, para convocar el mayor número de plazas de empleo público de toda la historia de la autonomía andaluza.El año pasado fueron 7.005 en Infantil y Primaria y este son 9.089 en seis cuerpos docentes, entre ellos, los más importantes, Secundaria yFormación Profesional. La fecha de la cita es el próximo domingo 22 de junio. En algunos casos, como Matemáticas, se han presentado dos alumnos para cada plaza ofertada. El año pasado, en Primaria y Educación Infantil, el número de interinos pasó de una cifra de entre el 17 y 18% al 3,9%.

El examen, en la parte teórica, es más accesible. Si hace dos años había que elegir un tema entre dos, ahora se hará entre cinco. Como señala Rocío Sales, que se presenta en la especialidad de Geografía e Historia como libre, es decir, sin experiencia docente previa, “si se estudian veinte temas de 72, el total de mi materia, hay un 70% de posibilidades de que te salga algo que ya has visto. La proporción es brutal”. Además, se han eliminado los casos prácticos, un aspecto que se le atragantaba a muchos opositores. La situación es tal que el número de personas presentadas ha llegado a más de 35.000.

Para los que se presentan sin ser interinos, las ventajas acaban ahí. Los libres, días después del examen teórico, expondrán ante un tribunal una programación de curso y una unidad didáctica, que es un guión sobre el trabajo cotidiano que desarrollaría en un aula. Esto no lo tendrán que hacer la mayoría de los interinos. Basta con un informe, emitido por la Inspección de Educación, sobre el trabajo desarrollado en su centro. El representante del sindicato de profesores, Anpe, explica esta filosofía: “No tienen por qué superar esta segunda parte de la prueba; ellos habrán finalizado ya. Se ha intentado en estas oposiciones absorber al mayor número de personas en esta situación, pero siempre respetando los principios constitucionales. Y los libres no están tan en desventaja: la prueba es que el año pasado, de las 7.000 plazas de Primaria, unas mil correspondió a candidatos sin experiencia docente”. Hay otro factor más que hace esta oposición distinta: de las 35.000 personas que se presentan, un porcentaje alto no procede de Andalucía andaluzas. El alto número de plazas ha causado un inevitable efecto llamada, acrecentado, además, porque en otras comunidades, como Madrid, no se contempla la presentación del informe para los profesores interinos.

Los libres, por su lado, se ven con pocas posibilidades. Juan Manuel Barba, onubense, es la tercera vez que se presenta. Lo hace, también, por Geografía e Historia. “Sacar la plaza va a ser muy complicado. Imagínate que saco un nueve. Pues si un interino saca un seis y tiene doctorados, publicaciones, cursos, y además lleva muchos años ejerciendo, puede  adelantarme y ser el beneficiario del puesto”.  Otro libre, el vallisoletano Raúl Díez, residente enSevilla y que opta en Lengua y Literatura, cree que no es bueno meter todo en el mismo saco. “Entiendo que la forma más justa de hacerlo es no meternos a todos en el proceso, sino hacerlo por separado. Nosotros vamos muy mermados con este tema del informe”. “Esto es lo que llevamos pidiendo durante años, pero nos dicen que es ilegal, que no se puede hacer”, señala Sonia Gaya, la secretaria de Enseñanza Pública de FETE-UGT en Andalucía. En efecto, fuentes de la Consejería de Educación afirman que un doble proceso es, sencillamente, inconstitucional.

Julia del Bonillo, que se presenta por la especialidad de Psicopedagogía y lo hace por primera vez, ve lógico que se exima de la exposición a los interinos, “pues ya han hecho ese trabajo en el mundo real”. Verónica Montilla, por su parte, tiene 34 años, es administrativa y se ha decidido a dar el paso, en este caso en Geografía e Historia. Su principal temor, si se puede decir así, es, una vez que la llamen para trabajar, cómo afrontar un trabajo del que no tiene ninguna experiencia. “Mi hermana trabaja en la docencia en Alemania y sé que allí, antes de la prueba de oposición, estás un año de prácticas tutelado por algún profesor con plaza. Debería ser así”.

Los interinos, a pesar de ser favorecidos, no están ni mucho menos eufóricos. Basten dos ejemplos opuestos. La docente sevillana Isabel López acumula 18 años de servicio y se presenta por Física y Química. Apenas si se ha movido de la provincia de Sevilla durante el tiempo en el que ha trabajado y es una de las beneficiarias del acuerdo de estabilidad. “Ahora mismo estoy atemorizada”. Así resume su situación. Cree que está ante su última oportunidad, ya que tras esta oposición ya no se aplicará la medida de 2003. Será una interina más, sujeta a las condiciones de movilidad laboral  de las personas en su situación. “Hay gente con sesenta años que se está preparando las oposiciones y que, o aprueba ahora o su futuro será incierto. Tengo a toda mi familia detrás y es muy agobiante”.

López se juega su futuro a un todo o nada, con más posibilidades de que salga la moneda a su favor. Pero hay otros que estarán en una situación mucho más cercana a la de los libres. Es fácil de entender: aquéllos que no han trabajado de manera continuada desde el 15 de octubre del año pasado no tienen derecho al informe que sustituye a la exposición ante el tribunal. Ello ha derivado en situaciones como la de Javier Trabajo, docente con veintiún años de experiencia que imparte clases en un centro de Formación Profesional de Valverde (Huelva). A pesar de la amplia oferta de plazas, de su especialidad, Equipos Electrónicos, no se han convocado, según él porque el instrumental que se utiliza “es muy caro y se tiende al ahorro de costes”. Se presenta en esta oposición en una materia afín a la suya, Instalaciones Electrotécnicas. “Pero me cuesta una barbaridad.Es como si a un odontólogo le dices que se presente a una oposición de neurocirujano. Los dos son médicos, pero no es lo mismo”. Para mayor dificultad, él sí tendrá que enfrentarse a una prueba práctica. Puede tener que manejar, por ejemplo, el cuadro de mandos de un túnel de lavado o un centro de transformación eléctrico.

Una profesora de Música de Málaga, que prefiere no decir su nombre porque “la Delegación es mucha Delegación [la de Educación]”, tiene, como otros compañeros, recurrida la denegación del informe. Ella lleva seis años ejerciendo, pero este año no ha cubierto vacante. Aun así, considera que el hecho de haber trabajado de manera continuada puede considerarse un equivalente. Y en eso basa su argumentación. En el trasfondo de esta cuestión se encuentra la reducción de horas lectivas de asignaturas como Dibujo, en el caso de Secundaria, o las relacionadas con la electrónica en la de Módulos Profesionales. El menor tiempo para las clases lleva consigo menos vacantes, y, por tanto, menos posibilidades de llamada. En estos casos, los años ejercidos docente no tienen tanto valor. Desde la Consejería de Educación se afirma que había que poner algún requisito. “Un mes después del comienzo del curso todas las vacantes están cubiertas, y es muy extraño que alguien con cinco años de servicio se quede sin una. Es algo que habría que comprobar de forma fehaciente”.

Interinos y libres se enfrentan en estos días a los últimos días de estudio, con situaciones muy diversas. Javier Trabajo, especializado en Equipos Electrónicos,  afirma que en su instituto le han pedido que se encargue de la iluminación, el sonido y la fiesta de fin de curso, que es el 18, sólo cuatro días antes de la prueba. Al día siguiente de la fecha señalada, debe de presentar la evaluación. Es decir, que estudia cuando el tiempo le deja. Rocío Sales, opositora por Geografía e Historia, dedica las mañanas a los temas y las tardes al apartado de la unidad didáctica. Isabel López, delegada del sindicato de interinos, Sadi, y profesora de Física y Química, está “forzando la máquina y al borde de la locura”. Cristina Mera, la docente de Música, aprovecha sobre todo los fines de semana y parte de las tardes. “Si estudiara todo el tiempo no podría ni corregir exámenes y trabajos ni preparar las clases”, afirma resignada.

Los expertos recomiendan, ante todo, seguridad e ideas claras. Lo afirma David de la Fuente, profesor de la academia Ecoem y autor del libro El trabajo de opositor (FundaciónEcoem). “Un opositor intenso es el mejor. No debe en ningún caso romper con su vida habitual y, en el caso de los que trabajen, mantener el equilibrio entre lo personal y lo laboral. La gente se confunde: éstas no son oposiciones de judicatura, en las que se deben recitar textos legislativos de corrido. Importa más la claridad mental que saber por saber”. También está el otro extremo, el del “opositor experimental”, a quien De la Fuente define como alguien “relajado” que va a la prueba simplemente “a ver cómo le va, y esa tampoco es la actitud”.

En estos días todas las academias de preparación instruyen a sus alumnos sobre la forma de redactar el examen escrito o de presentarse ante el tribunal. Y lo hacen hasta en el más minucioso de los aspectos. Por ejemplo, lo ideal es que la opositora acuda sin tacones, con el pelo no muy recogido pero tampoco suelto, sin escotes pronunciados, etcétera. Dos días antes de la oposición, los candidatos se presentan ante el tribunal. El acto puede parecer una mera formalidad, pero es entonces cuando hay que aprovechar para resolver cualquier tipo de duda. Por ejemplo: ¿se puede entregar algún tipo de documentación a quienes juzguen la exposición como complemento? Esta cuestión, por ejemplo, corre de cargo del propio tribunal, que interpreta según su parecer lo que marca la ley.

De la Fuente ha deslindado en tres fases el trayecto del opositor. En la primera, la de asimilación, se trata de absorber todos los temas. Es el proceso más largo, y puede llevar un año, por lo que considera lógico que un novato no logre la plaza a la primera. La segunda es la digestión, que consiste en reflexionar sobre los contenidos y darles forma propia; y en la tercera, la de expulsión, el opositor es ya capaz de configurar un discurso con un matiz distinto, que lo diferencia de los demás. Eso, dice De la Fuente, es clave para aprobar. Al depender, tanto la parte escrita como la oral, de un tribunal, de personas en definitiva, la suerte es un factor que está ahí. No hay modelo de oposición perfecto, aunque el autor de El trabajo de opositor aboga por objetivar  la oposición con un examen tipo test.

Cristina Mera, interina, tendrá que enfrentarse a la exposición oral. “Depende de la suerte, del día que tengas, de quién está en el tribunal, de que sepas defender lo que vas a exponer. Puede que vayas superpreparada y te fallen los nervios”. De eso depende su futuro. Y su suerte, como la de otras 35.000 personas está echada.

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