INMIGRACIÓN ILEGAL

Pasión altruista

  • Ramón Egea, con 51 años, es conocido como ‘El Abuelo’ en la Cruz Roja de Almería. Atendió hace unos días a los inmigrantes que llegaron en patera

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Sus compañeros en el equipo de pateras de Cruz Roja le llaman cariñosamente El Abuelo, porque no encaja en el perfil del voluntario. Ramón Antonio Egea, de 51 años, ingresó en el batallón del voluntariado hace cinco años, después de una vida dedicada a la electrónica y electromedicina en Philips, porque tenía “muchas ganas de ayudar a los demás”.  Dio un giro radical a su vida para convertirse en un eterno donante de tiempo y ahora compagina su actividad altruista, por la que no recibe ni un solo euro, con el trabajo de conductor de ambulancias en el dispositivo previsto para la Operación Paso del Estrecho en el Puerto de Almería. Comenzó su andadura en el departamento de socorro y emergencias de Cruz Roja gracias al ofrecimiento de su sobrina, y con el paso de los años ha ido trasladando su pasión a su hermana y a sus dos hijas.

Forma parte del Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias (ERIE). La pasada semana, con el desembarco en la capital almeriense de la patera de la muerte, se convirtió en protagonista de un cuento que jamás contaría a sus hijos. Asistieron a los 33 inmigrantes supervivientes de una odisea en alta mar en la que perdieron la vida 15 personas, cuatro de ellos niños de uno a cuatro años de edad, que fueron arrojados por la borda. Los voluntarios realizaron un trabajo impecable. “Al principio miras a tu alrededor y, sabiendo lo que está pasando, no acabas de ser consciente, ni piensas en ningún momento cómo te puede afectar una situación tan dramática como la de esa madrugada del 9 de julio”.

Ramón Antonio Egea estuvo dos noches sin dormir, recordando el rostro de las tres mujeres que trasladó en su ambulancia al hospital Torrecárdenas. “Tenían la mirada perdida y la expresión más profunda que he visto nunca. No tenían ni sangre”. Curtido en mil batallas, reconoce que a los jóvenes voluntarios les impacta mucho más el horror del drama continuo de la llegada de las pateras familia y requieren ayuda psicológica.

Lleva un lustro de voluntario y todavía no ha bajado la guardia. Su grupo es el único que está operativo las 24 horas de los 365 días del año y el que demuestra una mayor capacidad de reacción. Cuando Salvamento Marítimo o la Guardia Civil detectan una patera dan el aviso al Centro de Coordinación de Cruz Roja en Sevilla y desde allí se contacta con el jefe de equipo en Almería, que localiza uno a uno a todos sus miembros mediante llamadas telefónicas. “A veces nos llaman dos horas antes del desembarco de la patera y en ocasiones sólo contamos con 30 minutos para preparar el operativo y no puedes fallar porque tienes un compromiso que está por encima de todo”. Ya esté en un concierto de Joaquín Sabina, como recuerda Ramón, o en la celebración de la boda de un hijo, no puede fallar la cobertura. “Los voluntarios no nos acostamos ninguna noche sin poner el móvil en la mesita de al lado de la cama”.  Cada noche, cuando este voluntario llega cansado a casa a altas horas de la madrugada, su mujer le pregunta cuántos vienen y cómo están. Después se vuelve a dormir.

Algunos de los voluntarios se enfadan cuando se activa su grupo de emergencia y no los llaman. Otros incluso, según enfatiza con admiración, “se han cogido las vacaciones en su empresa para venirse a colaborar con nosotros este verano”. Junto a Ramón Egea, otros muchos voluntarios de Cruz Roja han visto reconocido su trabajo esta semana con la felicitación in situ del ministro de Sanidad, Bernat Soria, que visitó las instalaciones en las que atienden a los inmigrantes.

El mayor consuelo de los voluntarios lo encuentran cada madrugada cuando acaba su asistencia. Les proporcionan ropa para cambiarse, café con leche y galletas para calmar su hambre y mucho calor para que se sientan iguales y seguros. “Hay decenas de pateras mudas, de las que nadie se entera porque en nuestro trabajo nunca hay sitio para el afán de protagonismo, lo hacemos porque lo sentimos. Cuando mis amigos me dicen que me han visto en televisión siempre les digo lo mismo, que todo lo que se consigue nunca es suficiente y que se sumen a nuestra causa común”. El Abuelo tiene un nieto desde hace tres meses y ya sabe que en unos años, cuando esté en condiciones de ayudar a los demás, será voluntario de Cruz Roja.

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