puerto del calatraveño

La primavera eterna del turismo

  • La provincia se esfuerza en convertir el turismo en su motor económico, pero no puede olvidar la agroindustria y el I+D+i, dos ámbitos clave para el crecimiento empresarial

Varias empleadas, en la fábrica de La Abuela Carmen, en Montalbán. Varias empleadas, en la fábrica de La Abuela Carmen, en Montalbán.

Varias empleadas, en la fábrica de La Abuela Carmen, en Montalbán. / el día

El consejero de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía, Antonio Ramírez de Arellano, defendía este viernes en La Carlota que utilizar la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i) para desarrollar productos de calidad es un elemento clave para la supervivencia y crecimiento de una empresa y lo que le permite, además, salir a los mercados internacionales con capacidad competitiva. El responsable autonómico pronunciaba estas palabras durante una visita a La Carloteña de Asados, una rara avis en el tejido productivo de la provincia, que parece empeñado en los últimos años en poner todos los huevos en la cesta del turismo.

Y en estas llegamos a la Feria Internacional de Turismo (Fitur), que la semana entrante se celebra en Madrid y a la que asistirán todas las instituciones de la provincia para exhibir lo que Córdoba tiene que ofrecer a los visitantes, que por otra parte es mucho. Estarán los ayuntamientos de la capital y de numerosos municipios, la Diputación y las mancomunidades. Todas las instituciones se han volcado en las últimas semanas en preparar su desembarco en este foro, en el que exhibirán los atractivos de siempre, con la Mezquita-Catedral, el Casco Histórico de Córdoba y los Patios como principales baluartes, y un innumerable paquete de nuevas propuestas que incluye el festival Flora o el futuro hotel de Torreparedones, que ya ha superado todas las trabas administrativas y aspira a convertirse en un referente del turismo de interior de Andalucía.

La Carloteña, Torrent, La Abuela Carmen y Grupo Faasa son ejemplos de innovación empresarial

También estarán la Villa Romana de Fuente-Álamo, en Puente Genil; la Ruta del Vino, que estructura buena parte de la oferta de la Campiña Sur, o el mueble de Lucena, que aspira a retomar la fuerza que tenía antes de la crisis y que pretende captar a los hosteleros chinos. En suma, una oferta amplísima y multiforme, casi inabarcable por lo dispersa, que podría animar a turistas foráneos y extranjeros a planificar mil y un fines de semana, como quiere el Instituto Municipal de Turismo con la propuesta de convertir a Córdoba en un destino probable en las cuatro estaciones del año.

La pregunta es: ¿Hacia dónde quiere caminar la provincia? ¿Quiere poner Córdoba todos los huevos de su economía en la cesta del turismo? En ese caso, ¿se va en la dirección correcta? Si se atienden exclusivamente los datos turísticos, en abstracto, la respuesta es positiva. La Mezquita-Catedral, el principal escaparate de la provincia en el maremágnum turístico global, cerró el año 2017 con un récord de visitantes, según desvelaba hace unas semanas el Cabildo Catedralicio. Y las pernoctaciones, el principal caballo de batalla del sector desde hace años, empiezan a crecer y rebasarán los dos millones a cierre del pasado ejercicio. No son malos datos, pero tampoco hay que dejarse arrastrar por el optimismo.

Porque tras estas cifras, no vamos a descubrir nada, hay una gran masa laboral que oscila entre lo precario y lo estacional; un aumento de los alquileres turísticos sin regular que escapan a cualquier fiscalización no ya económica, sino de calidad, y una tendencia a la gentrificación que amenaza con convertir la Judería y el Casco Histórico en coto reservado para los foráneos, a la manera de un decorado de cartón piedra que recrea una primavera eterna de patios y salmorejo.

Volviendo a las palabras iniciales del consejero de Economía, la verdadera riqueza no está ahí, por mucho que en los municipios de la provincia se vean las terrazas llenas de La Corredera como el espejo en el que mirarse. Tal vez habría que hacer el recorrido contrario: fijarse en ejemplos como La Carloteña de Asados, como invitó Ramírez de Arellano; o en La Abuela Carmen, la ajera montalbeña que no para de innovar; o en Torrent, referentes en la comercialización de aceituna desde Aguilar de la Frontera, o en el Grupo Faasa, de Palma del Río, que acaba de cerrar un acuerdo con Hispánica de Aviación para fortalecer su peso en el sector de los vuelos. Para encontrar ejemplos no hace falta viajar.

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