Con el mismo espíritu de Joaquín Prat

SEÑORAS y señores: Les presentamos una linda caja que contiene un kilo de patatas. Son totalmente ecológicas y cortadas en la mejor finca productora de Córdoba. Tendrá premio aquel o aquella que más se acerque, sin pasarse, a su precio justo. Ojo, pero tanto a aquel precio que se le paga al productor como a aquel otro que luego se paga en las tiendas. ¡A jugar!".

La mano del maestro de periodistas Joaquín Prat apenas ha acabado de dibujar el rizo en el aire que le pone el punto y final a ese grito de guerra sello de la casa cuando uno de los concursantes de El Precio Justo, de nombre José Luis Gutiérrez y con una barba que inspira confianza, piensa que qué bien le hubiera venido a la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) contar con la inestimable colaboración del experto showman televisivo en la lucha que esta organización agraria mantiene contra los márgenes comerciales.

Porque, a este paso a UPA ya solo le va a quedar organizar en plena calle algo parecido a ese famosísimo concurso -presentado por el profesional valenciano allá por los años del pelo escaldado y los números 1 de los Duran Duran- con el objetivo de convencer a los consumidores para que se sumen en masa a la denuncia del incremento anárquico e indiscriminado que hacen los intermediarios de los productos del campo. "Pues mire usted, señor Joaquín Prat, ese kilo de patatas nos lo suelen comprar a 15 céntimos para luego venderlo a un euro", responde rápido el agricultor, quien para que los consumidores se convenzan de que pierden tanto como el productor en esas multiplicaciones de costes a lo bestia ha participado con UPA en menos de un año en el reparto callejero de naranjas de la Vega y en el de miles de pinchitos asados, aparte del de kilos de carne en Madrid. "Total, los productos pierden cada vez más valor en el campo y al agricultor y al ganadero les sale más barato regalarlos que venderlos", apostilla sin salirse del guión el bueno de Joaquín.

"Primera prueba lograda. Vamos con la segunda, a ver si convencemos al Gobierno para que sea obligatorio un doble etiquetado en el que se le informe de lo que percibe el productor por ese artículo. Aquí tenemos un kilo de cordero. Estaremos más cerca de nuestro objetivo si me dice, sin pasarse, cual es el precio justo". ¡A jugar! Vuelta al rizo hipnótico y más que peculiar, mientras a José Luis le viene a la mente algo que sabe muy bien, que el intermediario es tan insaciable que no le duelen prendas en aplicar el mil por mil siempre al amparo de cuatro multinacionales. "Pues ese kilo cordero se le paga al ganadero a apenas poco más de dos euros y luego lo compra el consumidor a 14", responde raudo y veloz el agricultor. "Prueba superada. Vamos con la tercera y última. Usted logrará el escaparate completo, convencerá al Gobierno para que ponga freno a esos kilométricos márgenes comerciales y evitará con ello que sigan desapareciendo explotaciones por el raquítico montante que perciben los productores si me dice, sin pasarse, el precio justo de este cordero. ¡A jugar!". José Luis no se lo piensa y contesta "al ganadero le pagan unos 40 euros, para luego venderlo por unos 200", mientras que de fondo se oye una voz femenina que le dice "cariño, despierta, ¿es que no has oído el despertador?".

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