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Una hemorragia de vidas y reproches

  • Los últimos accidentes devuelven la N-432 a la agenda política, aunque las críticas de uno y otro lado parecen pesar más que una apuesta firme y decidida por el desdoble

Los efectivos de emergencias actúan tras el brutal suceso del pasado día 16. Los efectivos de emergencias actúan tras el brutal suceso del pasado día 16.

Los efectivos de emergencias actúan tras el brutal suceso del pasado día 16. / s. núñez

Si hubiera que seleccionar una infraestructura para cuestionar la gestión de quienes han decidido el destino del dinero público en la provincia en los últimos años desde el Gobierno central, habría que decantarse, sin ninguna duda, por la N-432. La Granada-Badajoz atraviesa la provincia como una cicatriz curvilínea que deja atrás municipios, olivares y dehesas, a la manera de las carreteras de antaño, con sus travesías, sus tractores llenos de aceituna y sus bares a pie de cuneta, recuerdos de épocas en que pensar en los dos carriles de circulación por sentido era viajar hasta una Europa rica y lejana.

Junto a la carretera N-331, cuyo trazado hasta Málaga hacía cortar la respiración en las escapadas a la playa hasta no hace mucho, la N-432 registraba buena parte de los accidentes de circulación graves que tenían lugar en la provincia. La construcción de la autovía a Antequera, tras una dura contestación de los vecinos de los municipios afectados liderados por sus alcaldes, solucionó el problema. Pero ahí sigue la Granada-Badajoz, engrosando la estadística de la siniestralidad de tráfico: en apenas diez días, dos accidentes de gravedad con tres fallecidos y varios heridos de gravedad la han puesto de nuevo en el mapa negro.

El PP asegura que habrá partida en el presupuesto del Estado, pero sin definir cuantía

El pasado día 16, dos personas fallecieron a primera hora de la mañana como consecuencia de un accidente entre dos turismos y una furgoneta en el kilómetro 322 de la citada vía, en el término municipal de Nueva Carteya. Las imágenes, estremecedoras, hablan de la brutalidad del siniestro, que se produjo en una recta con cambio de rasante a una hora en la que la circulación suele ser muy intensa por los vecinos de la comarca del Guadajoz que se trasladan a sus lugares de trabajo. El segundo hecho luctuoso tenía lugar el pasado viernes por la tarde en el término municipal de Córdoba capital, cuando un vehículo colisionó contra un camión de la basura. En ambos casos, la situación era similar: mal tiempo y elevada densidad de circulación, una combinación fatal en este tipo de vías.

Como siempre que se producen este tipo de sucesos gravísimos, las reacciones se sucedieron, y en pocos días han sido varios los municipios -Baena o Castro del Río, por citar algunos de ellos- que han debatido en sus respectivos plenos qué hacer con la maldita carretera. También el martes, el presidente de la Diputación de Córdoba, Antonio Ruiz, portavoz de la plataforma interadministriva creada para canalizar las reivindicaciones por la N-432, hizo público el envío de una carta para que la Comisión de Fomento del Congreso de los Diputados impulse de una vez por todas y de manera urgente la conversión en autovía de la Granada-Badajoz.

Todo suena a déjà vu, a situación ya vivida, a lamento vacuo. Durante la campaña de las últimas elecciones generales, candidatos de uno y otro partido repitieron como un mantra que el desdoble de la carretera N-432 sería uno de los objetivos de la actual legislatura, aunque la alta política anda más ocupada estos últimos meses en ordenar la situación en Cataluña. En todo caso, poco crédito tienen ya las promesas relacionadas con la Granada-Badajoz, que aparecen y desaparecen cual Guadiana dependiendo de si a la vuelta de la esquina hay procesos electorales a la vista. Y en los últimos días, de nuevo, se ha extendido el runrún de que en los próximos presupuestos generales del Estado habrá por fin una partida para el desdoble, aunque se desconoce la cuantía o el tramo en el que hipotéticamente se actuará. Desde las filas del PP, reprochan al PSOE que Pedro Sánchez no respalda los presupuestos; desde el PSOE, para no variar, reprochan a los populares la manera en que se han diseñado las cuentas.

Lo cierto es que ni siquiera en los tiempos de vacas gordas el Gobierno central fue capaz de concretar este proyecto, que beneficiaría a algunas de las zonas con más desempleo y más necesitadas de inversión de toda España. En su lugar, quienes deciden en qué se gasta el dinero público prefirieron invertirlo en aeropuertos de dudoso futuro o en extender la red de AVE como una tela de araña por toda la península. Ahí sigue, mientras tanto, la N-432, motivo de vergüenza y deshonor, una herida que cada cierto tiempo se abre y sangra.

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