Baena · Algunos de los lugares en los que vivió el ermitaño durante 14 años

Una guarida innacesible y repleta de víveres y armas

  • Los soledad vivida por Miguel Mérida en los casi tres lustros de desaparición le hizo agudizar el ingenio para esconderse

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Cinco días después de su arresto y posterior puesta en libertad, la vida del hombre que estuvo desaparecido durante 14 años en Baena, Miguel Mérida, sigue dando que hablar y, sobre todo, sorprendiendo a quienes oyen atónitos cómo fue capaz de sobrevivir durante tantos años en la más absoluta soledad en cuevas, cortijos y puentes.

Pero si increíble ha sido su vida, no menos pintoresco fue su arresto. Según ha podido saber El Día, el dueño del cortijo de Alcaudete (Jaén) en el que fue detenido, harto de los continuos hurtos en su vivienda, decidió desesperado dar con la persona que una y otra vez entraba en su propiedad a robar. Tras permanecer varias noches haciendo guardia, por fin su espera dio resultados y, tras oír ruidos procedentes del gallinero, descubrió a Miguel y llamó a la Guardia Civil.

Una vez detenido, y tras conseguir que hablara, fue detallando cuales fueron sus diferentes refugios en estos 14 años y cuál era su guarida en la actualidad. Miguel narró que vivía en un cortijo abandonado, conocido como Pantalones y que se encuentra ubicado cerca de la Laguna del Salobral. Al llegar allí, la sorpresa fue ingente: el ex desaparecido habitaba en el falso techo del cortijo. Pero mayor sorpresa fue el descubrir cómo accedía allí, ya que lo hacía a través de la chimenea, en la que tras hacer un agujero se deslizaba por el hueco hasta llegar a la cámara de aire.

Las mismas fuentes subrayan que Miguel había convertido esta parte del cortijo en una auténtica vivienda, en la que se podía encontrar una gran cantidad de comida, bebida, pilas y armas de fuego, entre otros objetos. Tras el hallazgo, se pudo deducir que este hombre es sin duda un auténtico manitas y que goza de una destreza sin igual.

Con el descubrimiento de esta casi inexpugnable guarida, se ha podido saber además que el ahora puesto en libertad había previsto una importante serie de medidas para evitar ser descubierto. Algunos comentan que si en algún momento alguien hubiera querido acceder a su particular vivienda, hubiera caído en trampas hecha con objetos punzantes.

También ha trascendido que cuando estuvo escondido en unas cuevas junto al puente de hierro de la vía verde de la Subbética, accedía a las mismas a través de una escalera de cuerda. La soledad más absoluta y el lento pasar del tiempo debieron bastar a Miguel para desarrollar esta audacia, que le han permitido desaparecer para su familia y el resto del mundo durante 14 años. Aunque estas pericias sean ahora objeto de investigación, este hombre no entraba en las casas con el objetivo de hacer daño o sustraer algo que no fuera comida y ropa que les permitiera su subsistencia.

En Baena hay vecinos que, cansados de los continuos robos y destrozos en las puertas, más costosos que el valor de lo hurtado, colocaban a las afueras de los chalet bolsas con comida. A los pocos días, la bolsa desaparecía. Nunca más volvieron a entrar en sus haciendas.

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