Fuente Obejuna Nuevas tecnologías en el agro cordobés

La empresa MRA aplica un sistema que triplica la cosecha de aceituna

  • La firma Navarra siembra 1.200 hectáreas en la finca El Río · La promotora asegura que la producción media supera los 11.500 kilos de aceite por hectárea, frente a los 4.500 kilos del cultivo tradicional

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La revolución ya ha llegado al mundo del olivar. Árboles sembrados a 1,35 metros de distancia, capaces de dar aceitunas a los tres años de vida, con una producción tres veces mayor a la tradicional, una calidad óptima, unos costes escasos y una cosecha a máquina. Pensar en esto hace una década era una utopía. Hoy es una realidad.

La constructora navarra MRA -a través de su filial Innoliva- está desarrollando en la finca El Río -entre el término cordobés de Fuente Obejuna y el pacense de Peraleda del Zaucejo- un sistema denominado "olivar superintensivo" con el que pretende revolucionar el tradicional mundo del aceite de oliva, un cultivo que, salvo los tractores y modernas vibradoras de la actualidad, se sigue practicando con los mismos patrones que hace 2.000 años.

En Córdoba, este sistema ya ha comenzado a dar sus primeros pasos. De hecho, Innoliva -una empresa que también está asociada a la Familia Del Pino y a La Caixa- ha recogido este año la primera cosecha de unos olivos que sembró hace sólo tres años. En total, Innoliva prevé cultivar unas 1.200 hectáreas de suelo en la finca El Río.

El sistema es aparentemente sencillo. El olivar superintensivo necesita agua abundante, grandes extensiones de terreno, maquinaria de alta tecnología y copiosos estudios científicos. Sobre el terreno, el cultivo es similar a una viña. Los árboles se siembran a una distancia de 1,35 metros unos de otros, cuando en el cultivo tradicional esa distancia entre olivo y olivo no es inferior a siete metros. Entre cada fila de árboles se diseña una calle de cuatro metros de ancho para facilitar el paso de las cosechadoras. Además, cada 300 metros se construye una calle auxiliar. En total, se siembran 1.850 árboles por hectárea, cuando en el olivar tradicional lo normal es que esta cifra no supere el centenar. Además, las filas están orientadas en dirección Norte-Sur, para evitar el riesgo de que unos árboles den sombra a otros. Los olivos tan apretados simulan un bosque de arbustos. De hecho, a las filas se les llama setos.

Esta aglomeración de árboles, y un riego por goteo garantizado durante todo el año es lo que multiplicaría el rendimiento de cada hectárea. Tanto es así que las estimaciones de Innoliva pasan por superar una cosecha de 11.500 kilos por hectárea, frente a los 4.500 que obtiene el olivar de regadío tradicional.

En la finca El Río, el agua está más que garantizada. El nombre de la propiedad no es en vano. Sus cerca de 2.000 hectáreas están divididas por el río Zújar, que además dibuja la frontera entre las provincias de Córdoba y Badajoz. En la finca, dos pequeñas presas tienen capacidad para retener unos 3,8 hectómetros cúbicos de agua, que es inyectada de forma directa en un complejo sistema de tuberías que finaliza en el riego por goteo. Además, en cada parcela se han instalado sensores que determinan el agua exacta que necesita cada olivo, ni un litro más ni un litro menos para garantizar una producción óptima.

En el periodo de crecimiento de la planta, un ejército de técnicos revisa que se produzca de manera óptima. Se analiza el suelo y se determina la cantidad exacta de abono y fertilizante. Además, se revisa la evolución de las ramas y la necesidad de la poda, ya que los olivos tienen que crecer hacia arriba y no de forma lateral para no estorbar a las cosechadoras.

Y, finalmente, una recolección totalmente automática que ahorra los enormes costes en personal del olivar tradicional. Innoliva "tunea" las cosechadoras que en verano limpian los viñedos de La Mancha y las adapta para la aceituna. Con estas máquinas, la firma es capaz de cosechar en menos de dos horas una hectárea y en un plazo inferior a 40 días todas sus parcelas. En el olivar tradicional, una cuadrilla de jornaleros recoge una hectárea de aceitunas al día.

Pero es que además la mecanización del trabajo permite que el aceite de oliva que se produzca sea de calidad óptima: virgen extra. Las máquinas impiden que la aceituna entre en contacto con el suelo y evitan por tanto el temido moho que contribuye a que el aceite virgen pierda el apellido de extra. Además, el compromiso de Innoliva es que la aceituna se molture el mismo día de su recogida, para evitar también la oxidación del fruto. Así, se intenta cerrar la utopía: la cantidad no tiene porqué estar reñida con la calidad.

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