Cremasco abre en Lucena el primer crematorio de animales de Córdoba

  • Las incineraciones son individuales o colectivas y en el primer caso pueden incluso ser presenciadas por los propietarios, quienes reciben su certificado y las cenizas

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Que la pérdida de una mascota sea más fácil de sobrellevar será posible en breve gracias a los servicios del pionero crematorio de mascotas que prestará servicio en la provincia. Cremasco de Lucena es la primera empresa de este tipo de la provincia y la cuarta en Andalucía, un negocio que requiere una gran inversión y muchas horas de paciencia, ya que sus propietarios han necesitado algo más de un año y medio para obtener todos los permisos por parte de la Junta de Andalucía. "Ya cumplimos la legislación europea, la española y la andaluza tanto en los trámites impuestos desde Medio Ambiente como en Agricultura y Pesca", comenta uno de los socios de Cremasco, Ángel Rivas. 

La puesta en marcha de este negocio surgió hace tres años, cuando una de las mascotas de Ángel Rivas murió y recorrió diversas localidades en busca de una empresa que incinerara al animal. "La gente entierra a los animales o los tira a los contenedores sin ser conscientes del daño que causan", ya que al enterrar un animal la mayoría de la gente lo hace mal, lo que provoca que otros animales lo desentierren. De otro lado, en Andalucía se contempla la mascota como un residuo urbano, por lo que muchas personas, al morir la mascota, la tiran a la basura. No obstante, existe una normativa europea que obliga a la incineración de las mascotas, "algo de lo que se tienen que concienciar en primer lugar las administraciones" explica Rivas.

Aunque Cremasco está prestando ya el servicio, no será hasta la primera semana de mayo cuando puedan inaugurar las instalaciones que están adecuando en el polígono de la Dehesa de Lucena. Hasta ahora, a falta de permisos, "llevamos a las mascotas a otra empresa para que las incineren; nosotros sólo las tenemos en las cámaras frigoríficas". Cuando la empresa abra sus puertas al público, "dejaremos que todo el que quiera venga a visitarnos para que se den cuenta de que es un negocio como otro cualquiera". Este tipo de empresas dependen de los veterinarios, "que son los primeros que nos llaman para decirnos que se les ha muerto un animal". 

Entonces Cremasco acude y los recoge, metiéndolos en dos bolsas herméticas y depositándolas posteriormente en un vehículo especial, ya que la parte trasera está completamente sellada y aislada. Cuando se recoge al animal se entrega un justificante en el que entre otros datos se especifica la raza, si tiene chip o quién es su propietario. "Tenemos categoría 1", explica Rivas, "por lo que podemos hacernos cargo de cualquier animal doméstico no destinado a consumo humano". Cuando los animales llegan a las instalaciones de esta empresa, de nuevo se les hace una identificación y se introducen en cámaras frigoríficas. 

Las incineraciones se hacen de forma individual o colectiva y en el primer caso pueden incluso ser presenciadas por los propietarios, quienes posteriormente reciben su certificado y urna con las cenizas. Darle el mejor final a una  mascota no es excesivamente caro, ya que los precios oscilan entre los 35 euros que costaría la incineración colectiva de un animal pequeño a los 200 a pagar por individualmente a un animal grande, puesto que depende del peso, comenta el responsable de la firma lucentina.

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