Comenzaron con un nombre que era algo más que un síntoma propio de un constipado, a golpe de TOS -que así se llamaban-, justo en un momento -1978- en el que el virus del punk contagiaba a las emisoras de radio. Cambiaron su nombre por Los Secretos -en 1980- y desde entonces -como reza el trabajo que esta semana lanzan-, si eras adolescente en esos años, han vivido Una vida a tu lado. Su música ha puesto banda sonora a los amores y desamores de toda una generación, con acordes que nunca pasan de moda porque no se ajustan a ninguna moda musical. Y desde sus inicios han sido fieles a sí mismos jugando a ser una especie de Dire Straits españoles ajenos a las demandas de la industria discográfica, acompañándome cuando le decía "déjame" a aquella chica, le confesaba que sobre un vidrio mojado escribí su nombre sin darme cuenta o le insistía en que "no me imagino cómo podré estar sin ti". Cuántas y cuántas veces esas notas arrancherizadas invitaban a un corazón roto a querer beber hasta perder el control o a volver a ser un niño para por la calle del olvido dejar atrás una frustración amorosa o por el bulevar de los sueños rotos buscar a esa chica de los ojos de gata.

En toda esa vida que han estado a nuestro lado, Los Secretos han sobrevivido a trágicas pérdidas, como las de sus baterías José Enrique Cano Canito y Pedro Antonio Díaz. Precisamente, el concierto homenaje a Canito -evento que tuvo lugar en el salón de actos de la Escuela de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid el 9 de febrero de 1980- está considerado convencionalmente como el acto inaugural del movimiento cultural que dio en llamarse la Movida Madrileña. Y el grupo murió y luego resucitó el 17 de noviembre de 1999 cuando su alma, Enrique Urquijo, tomó el camino de Canito y Pedro, aunque su espíritu nunca se fue, se quedó para acompañar a su banda de toda la vida. En los muchos conciertos que dan al año, Enrique está presente, mientras que por el camino otros, como su hermano Javier, decidieron bajarse de un tren en el que continúan el pequeño de los Urquijo, Álvaro, (voz y guitarras), Ramón Arroyo (guitarras), Jesús Redondo (teclados), Juanjo Ramos (bajo) y Santiago Fernández (batería).

A Los Secretos, su honestidad y su humildad musical les han valido para continuar tan frescos como hace casi 40 años, espantando a esa amiga mala suerte que muchas veces suele estropear una carrera longeva, sin necesidad para ello de un cambio de planes que les hubiera hecho perder su esencia, esa esencia que cuando Álvaro le arranca notas a su Rickenbacker parece que quien estuviera haciéndolo fuera su idolatrado Tom Petty. Y es que, como el propio pequeño de los Urquijo ha confesado en más de una ocasión, "la experiencia no tiene precio".

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