Editorial

Otra vez De Juana Chaos

EL asesino múltiple José Ignacio de Juana Chaos saldrá de la cárcel a primeros del mes que viene, una vez saldadas sus cuentas con la Justicia. Nada hay que oponer a esta puesta en libertad, por más que el sentido común se pregunte si es suficiente la pena pagada para reparar los veinticinco crímenes por los que fue condenado, de los que nunca se ha arrepentido, sino todo lo contrario. Ocurre, sin embargo, que la recuperación por parte de este individuo de sus derechos civiles y, por tanto, la posibilidad de que resida donde desee conducirá, si nadie lo remedia, a una situación realmente escandalosa. En efecto, la vivienda en la que habitará De Juana Chaos está situada en un barrio en el que también residen varias de las víctimas de la banda terrorista, lo que hará que viudas y huérfanos de asesinados por ETA se crucen habitualmente con uno de los terroristas más sanguinarios en la sanguinaria trayectoria de ETA. El clamor social que ha despertado esta eventualidad empieza a generar planteamientos políticos y judiciales que demandan una respuesta del Estado de Derecho a una situación que es una afrenta añadida al sufrimiento de las víctimas del terrorismo. Se ha propugnado, por un lado, alguna reforma legal que evite esta coincidencia de presencia física de víctimas y verdugo, si bien hay que tener en cuenta que la no retroactividad de las leyes haría difícil evitarla en este caso concreto, aunque no para el futuro. Por otro, se solicitan medidas de alejamiento del etarra próximo a la liberación, poniéndose de relieve la incongruencia de que existan estas medidas de alejamiento para los maltratadores domésticos y no esté prevista en este caso de asesino múltiple. No tenemos claro qué es lo que se puede hacer, pero el Ministerio del Interior debe escuchar estas peticiones y arbitrar alguna solución que, sin forzar la esencia del Estado democrático, impida que se confirme la que sería sin duda una pésima noticia. Como en el fracasado proceso de paz, parece como si estuviéramos condenados a ocuparnos de un personaje tan siniestro. No deja de ser una realidad lamentable.

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