Crónica Levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

La trampa

La mayoría de los españoles quieren dejar las autonomías como están o recentralizar: la pulsión es sólo catalana

Probablemente, este artículo importará a muy poca gente, va de la reforma de la Constitución. A pesar de que tres de los cuatro grandes partidos -PSOE, Ciudadanos y Podemos- abogan por una amplia reforma de la Constitución para resolver muchos de los problemas de los españoles, éstos aún no han visto la relación entre la modificación y una posible mejoría de sus vidas. Hace ya muchos años que la Carta Magna está necesitada de un remozado, pero no hay que engañarse: la maquinaria del cambio es la ordenación territorial de España y, en especial, el encaje de Cataluña. Es decir, que se trata de conseguir una nueva relación de esta comunidad con el resto del Estado, a la vez que resolvemos otros asuntos pendientes como la demarcación de las competencias autonómicas (que es hoy un berenjenal, gracias a las sentencias del Constitucional), la propia nominación de las comunidades , el final de la supremacía del hombre sobre la mujer en el mecanismo dinástico y la función del Senado.

La mayor parte de los españoles, sin embargo, o no desean más cambios en el sistema autonómico o preferirían una recentralización para otorgar mayor poder al Estado. Según el último sondeo del CIS, del mes de octubre pasado, un 39% de los ciudadanos quieren seguir como están y el 27,5% prefieren recentralizar en grados distintos. Sólo un 13,4% desearía mayor poder para las autonomías y un único 10%, que algunas comunidades tengan el derecho a independizarse.

El resultado del barómetro refuerza la idea de que, si se hace, la reforma debe servir para contentar a una mayoría de catalanes sin enfadar demasiado al resto de los españoles; es decir, que si, como resultado del referéndum que vendrá después, el al cambio no triunfa en Cataluña, esto no habrá servido de nada. Más frustración. La otra comunidad nacional, el País Vasco, viven encantada dentro de la Constitución y, como mucho, aspiraría a un nuevo Estatuto o al desarrollo absoluto del de Guernica. Por tanto, si no hay participación de los que hoy son independentistas, la reforma correría el riesgo de ser tumbada en las urnas, y no sólo en Cataluña, porque Podemos sueña con hacer caer a un Gobierno mediante un revés en el referéndum, ya que carece de fuerza para ganar unas elecciones generales. Recuerden a Renzi.

Después del 21 de diciembre, Podemos y ERC, que tienen grandes posibilidades de gobernar juntos, tratarán de arrastrar a todo el país a una reforma del régimen del 78 que ellos mismos rechazarán después.

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