La esquina

La realidad se vengará

AL vicepresidente Solbes se le escapó el miércoles en el Congreso la palabra maldita -crisis- y ayer se entretuvo en desmentirse a sí mismo. Vano intento. Siempre se ha dicho que las hemerotecas le pueden dejar a uno en situación desairada, pero es que ahora los vídeos son inapelables y la televisión se encarga de reproducirlos al instante.

Solbes habló de crisis, y es inútil que trate de reescribir la historia. También ahora se pretende reinterpretar la famosa referencia de Carmen Romero en un mitin a los jóvenes y las jóvenas, como si hubiera sido una broma. Puesto que fui el periodista que difundió el descubrimiento de Romero en el extinto Diario 16 Andalucía, puedo afirmar y afirmo que la esposa de Felipe González habló en aquella ocasión de jóvenes y jóvenas completamente en serio. Ya vamos por miembros y miembras. La broma seria sigue, pues.

Es curioso que Zapatero, que fue un estupendo vendedor de las cosas que había hecho bien en la anterior legislatura y supo rectificar a tiempo las cosas que había hecho mal, se ha empeñado en ésta en negar el principio de realidad precisamente en relación con un problema que no es achacable en demasía a su acción de gobierno. Probablemente se ha confiado al ver enfrente de su ya proverbial psicología de adolescente a un PP hecho unos zorros.

Los gobernantes inmaduros -que no hay que confundir con gobernantes carentes de astucia- suelen afrontar los conflictos más graves de sus mandatos con tres máximas escapistas: primera, negar su existencia; segunda, minimizar sus efectos, y tercera, transferir responsabilidades a otros. A la primera corresponde una querencia obsesiva a manejar las palabras, torturándolas hasta conseguir que signifiquen lo que el poder desea que signifiquen. Por eso se habla de desaceleración en vez de crisis, lo que en teoría permite aminorar los riesgos y las consecuencias -segunda táctica-, pero en la práctica supone también la postergación de los remedios. Hasta los militantes socialistas admiten que el nuevo Gobierno está desacelerado, sesteando en su enorme contento de haberse conocido y entretenido en batallas que ni de lejos se aproximan en importancia a la pelea por el comer y el funcionar. Por último, la atribución de responsabilidades a terceros ha dejado de ser operativa tras cuatro años y medio gobernando. Y culpar al petróleo, la verdad, no cuela.

Lo que no quieren saber es que toda realidad que se niega prepara lentamente su venganza. El follón del transporte ha sido sólo el estallido sectorial de un malestar general que encontrará ocasión y hueco para manifestarse. Para cuando Solbes fija el final de la desaceleración, en 2010, ya estaremos todos desacelerados.

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