Quosque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

De héroes a plañideras

Lo mínimo que puede pedirse a quien pretende subvertir la legalidad es gallardía cuando fracasa

Estamos llegando a ese punto de inflexión en el que se superan todas las reglas, no ya de la racionalidad sino del más elemental sentido común. El menos común de los sentidos, como estamos comprobando a diario. Resulta sorprendente que los líderes independentistas, sus votantes, simpatizantes y los mariachis políticos que les apoyan, tan sólo porque odian al gobierno del PP o porque les importa un bledo España, se estén percatando a estas alturas de que la justicia puede ser lenta pero no deja de ser inflexible.

De pequeños se aprende que no hay que meter los dedos en el enchufe, ni chupar el mocho de la fregona, ni compartir el pienso con el perrito de la abuela por mucho que se parezca al Milú de Tintín y resulte adorable. Más tarde, entramos en contacto con las sanciones, más o menos duras, en función de nuestras acciones y de nuestra responsabilidad personal. Si no te comes las lentejas, las desayunas mañana, si no apruebas, te quedas sin vacaciones y si vuelves bebido, no sales el fin de semana. Así que cuesta mucho creer que un buen puñado de legisladores se sorprenda si, tras saltarse a la torera la Constitución, el Estatuto y la legalidad vigente que juraron preservar, acaban detenidos y, en función de lo que estime el juez de turno, se decreta su prisión provisional o su libertad con cargos.

No niego que todas esas leyes les parezcan injustas pero no permitirían que incumpliéramos las que ellos aprobaron. Es el imperio de la ley y no existe el estado de derecho a la carta. A casi todos los españoles nos parece no ya injusta, sino confiscatoria, la Ley del IRPF o la del IVA y nos retratamos sin chistar. Otra cosa es lo que digamos en la barra del bar con tres vinos encima. Pero una barra no es un parlamento. O no debería serlo.

Lo mínimo que puede pedirse a quien pretende subvertir la legalidad constitucional es una cierta gallardía cuando fracasa. Y sin embargo, les hemos visto huir y corretear por Europa pretendiendo convencer al mundo de que no son prófugos sino exiliados. Y ya en estos días, nos regalan una incontinente eclosión de plañideras que pretenden evitar la prisión porque son padres, como el señor Rull o tienen nietos, como la señora Forcadell. Pero me temo que la eximente de paternidad ni existe, ni es aplicable y entonces, me pregunto, ¿estaríamos dispuestos a que beneficiara al señor Urdangarín, aún sabiendo que son cuatro sus adorables retoños?

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