La esquina

¡A consumir!

TAN tradicional como el consumo desenfrenado de las fiestas navideñas vienen siendo esos artículos-sermones alertando contra la orgía consumista que acompaña estas fechas en que se celebra -es un decir- el nacimiento del hijo, putativo, de un carpintero en Belén. Yo mismo he sido uno de los aguafiestas enemigos del despilfarro enloquecido que se produce en esta parte privilegiada del planeta.

La tradición se va a romper en este año de des-gracia de 2008. Por consenso general. No creo que haya nadie que se atreva a denigrar el exceso de compras de este diciembre y primera parte de enero. Todo lo contrario. Las fuerzas vivas, y también las moribundas, se han conjurado en un llamamiento unánime al consumo. Ayer mismo los tres tenores de la concertación social andaluza (Junta, CEA, sindicatos) han exigido a los andaluces que consuman. Mientras más, mejor. "Hay que hacer que la campaña sea alegre y que no se detenga el consumo", ha pedido el vicepresidente segundo, José Antonio Griñán.

Ésa es la consigna: a consumir, que el mundo se va a acabar. Mejor dicho, que el mundo se puede acabar si no consumimos. La frugalidad es un valor en baja, y la austeridad, una actitud antipatriótica. Si no compramos, el género se queda en las estanterías, el comercio languidece, las fábricas cierran o disminuyen la producción, vienen los despidos, el paro aumenta... y no hay dinero para comprar, con lo que volvemos al principio, en una pescadilla automordedora que ya está entre nosotros, pero que es acumulativa, engorda con sus propias contradicciones.

La argumentación de la autoridad para justificar su llamamiento al consumismo es de recibo. A la crisis real y ya inocultable se suma la crisis psicológica: mucha gente que conserva su poder adquisitivo se retrae, no se atreve a gastar, y ese miedo, multiplicado por millones, agrava la crisis real y conduce a la recesión/depresión. Y, sin embargo, va a ser difícil que la apelación al consumo tenga éxito. Es imposible convencer a los parados de que empleen sus menguados ingresos en comprar regalos navideños y llenar sus despensas, complicadísimo convencer a los mileuristas y a los hipotecados, y complicado convencer a los que temen, con cierto fundamento, quedarse en la calle. El horizonte general no invita a desprenderse de un solo euro de más. Por lo que está pasando y por lo que pueda pasar.

Del verano para acá todas las cigarras alegres, desenfadadas y cantarinas se han arrepentido de su imprevisión y sufren por no haber sido hormigas hacendosas y precavidas. La cuestión es que tampoco la hormiga mayor, la que cuida de la hacienda de todos, fue previsora cuando hacía falta, y ahora llama a consumir.

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