En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "en verdad, en verdad os digo, que los españoles me crucificarán y al tercer día resucitaré venciendo su opresión y os daré la independencia eterna". No, este versículo no es parte de un Evangelio apócrifo, sino que es parte de la Biblia que cuenta la verdadera historia del Mesías y que ha sido descubierta sepultada en los archivos de un monasterio catalán por Iker Jiménez. Ese documento revela algo que llevan más de 2.000 años escondiéndonos, que Jesús no nació en Belén, sino en un pequeño pueblo del Ampurdám y que desde muy pequeño se vio obligado a exiliarse fuera de las fronteras condales y hasta hispanas junto a sus padres, Pep y María Montserrat, porque, como a todo buen catalán que se precie y más al elegido de Dios para salvar al pueblo, las autoridades opresoras lo buscarían para, por lo menos, apalearlo.

Insisto, nos han estado engañando más de 2.000 años; o más aún, desde los tiempos del catalanopiteco, que no australopiteco. Porque aquél homínido de hace dos millones de años pertenecía también a la tierra que vio nacer al también catalán Joan Colom i Bertran, el descubridor de América, quien partió desde Pals (Gerona) y no, como nos habían contado hasta ahora, desde Palos de la Frontera (Huelva). Tanto el primer viaje del ilustre navegante -por el que no corría ni sangre italiana ni mucho menos española- como la posterior conquista fueron empresas organizadas, financiadas y protagonizadas por la Corona catalana. Lo que desconocíamos hasta ahora es que "posteriormente el Estado español censuró y manipuló todo tipo de documentos y ocultó la catalanidad de los protagonistas, y no sólo de Colom, sino también de Juan de la Cosa, Amerigo Vespucci, Hernán Cortés, Bartolomé de las Casas... para apropiarse del dominio colonial". Y no lo digo yo, fueron las conclusiones a las que hace dos años se llegaron en un congreso de historia celebrado por expertos universitarios en la materia en la localidad tarraconense de Montblanc. En ese congreso se fue más allá y se defendió la ascendencia catalana de autores icónicos de la literatura española como Miguel de Cervantes, Teresa de Ávila o el anónimo creador del Lazarillo de Tormes (Joan Timoneda). Incluso se proyectó el documental Desmontando a Leonardo, que relaciona al genial Da Vinci con la Corona de Aragón y el Monasterio de Montserrat.

Y si pensábamos que The Walking Dead se desarrolla en Estados Unidos, pues tampoco. La acción transcurre en Catalonia. Los protagonistas tratan de sobrevivir bajo la amenaza de unos zombis opresores -a los que su ADN español los convirtió en caminantes- dispuestos a acabar con ellos mientras claman con cara de miedo a Europa que les eche una mano. Yo aún no me he convertido en zombi, ¿será porque soy catalán?

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