Hay una cosa que te quiero decir que es importante al menos para mí. Toda la noche estuve sin dormir tras una noticia que me pareció escuchar. Esa noticia que ayer recorría los mentideros de las webs musicales de este país anunciaba que Tequila vuelve cual Guadiana añejo para vestirse por un tiempo con la indumentaria de sacerdotes de un rock and roll al más puro estilo stoniano, un estilo hijo del de Chuck Berry que sabe españolizar a la perfección esta banda mermada por la vida misma de la que ahora tan sólo son santo y seña Ariel Rot (guitarra) y Alejo Stivel (voz), una banda que se dejó por el camino al también -como Ariel Rot- exRodríguez Julián Infante (guitarra); a Manolo iglesias (batería), ambos ya fallecidos; y al bajista Felipe Lipe -hermano de Rafa Gutiérrez, guitarrista de Hombres G-.

Fundada en 1976, cuando sus componentes apenas habían dejado la adolescencia, Tequila fue una de las bandas más populares del panorama musical en los primeros años de democracia en España, unos años previos a la que luego dio en llamarse la Movida Madrileña. Consiguió legiones de seguidores y su ascenso fue meteórico gracias a que esos cinco postadolescentes se convirtieron en una especie de reyes Midas que convertían, valga la redundancia, en oro cada canción que componían. En esos años en los que vieron cumplir su sueño de ser estrellas del rock sonaban un día sí y al otro también en las emisoras de radio y la presentación televisiva en el mítico programa Aplauso de cada uno de sus singles eran los minutos más vistos de la semana en la caja tonta. Fueron años de vino y rosas en los que prácticamente por toda la geografía nacional se les escucho una y otra vez aquello de vamos a tocar un rock and roll a la plaza del pueblo, vamos a tocar un rock and roll y nadie nos va a parar. Y así fue, nadie los podía parar. Sus pósters adornaban tanto dormitorios de pequeñas lolitas y gruppies, como de jovencitos y jovencitas dispuestos a beberse el elixir de sus himnos sin sal y limón. Himnos como Salta (que sonó por primera vez en el famoso concurso televisivo Un,dos, tres... responda otra vez), Mira a esa chica, Me vuelvo loco, Quiero besarte o ese Rock and Roll en la plaza del pueblo. catapultaron a sus cinco miembros al estrellato, un estrellato difícil de digerir a tan temprana edad. Al final, no fueron fieles a otro de sus himnos, Que el tiempo no te cambie, y se disolvieron en 1982, entre otros motivos, por las constantes discusiones entre ellos y diversas adicciones a un caballo llamado muerte -de nombre heroína-. Ahora, Tequila resucita y habrá quien opine que nunca segundas partes o terceras fueron buenas. No es mi caso. Más Tequila, por favor.

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