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DESDE LA RIBERA

Luis Pérez-Bustamante / Lperez@eldiadecordoba.com

Papá Noël se va de rositas

CANON digital: dícese de aquel impuesto pagado a los abajofirmantes para satisfacer sus deseos y por el que todos somos unos delincuentes -nada presuntos- que nos dedicamos a bajar música y películas de internet sin ningún tipo de pudor para arruinar la vida de los trabajadores españoles de estas industrias. Puede parecerles a ustedes que esta definición acuñada por el menda es un tanto exagerada, pero si se paran a analizar realmente qué se oculta tras esta nueva tasa, acabarán coincidiendo conmigo. Porque la iniciativa del Gobierno no está encaminada a lograr que se acabe con la piratería y con el negocio ilegal de las copias digitales, que va. La decisión del Ejecutivo busca simplemente silenciar las bocas de aquellos que portaron las pancartas hace unos años y garantizarse su presencia en los mítines de la inminente campaña electoral. Porque ya me dirán ustedes qué se arregla imponiendo un sobreprecio de tres euros y medio a los MP3 y MP4 o de uno y medio a los móviles y PDA. No creo yo que de esta manera se vayan a comprar más originales en las tiendas o se vaya a dejar de acudir a internet cuando se busca algún título concreto.

De lo que nadie ha hablado estos días es de que quizás, y sólo digo quizás, el auge de la piratería responda a otra serie de cuestiones de mayor calado. En primer lugar, nos podríamos preguntar si es normal que un disco original o una película en DVD superen los 20 euros -tres mil calas de las antiguas- y sus autores encima no los consideren caros. En segundo lugar, no hay quien cuestione dónde van los beneficios de estos elevados precios. Que les pregunten a los músicos que acompañan, a los comerciantes y a los empleados de las multinacionales. No creo yo que sean ellos quienes se llevan la pastora.

Y, finalmente, tampoco habla nadie de la miseria y el submundo que se mueve detrás del pirateo. Del hambre y la desesperación que lleva a no pocos inmigrantes sin papeles a vagar por las calles de ciudades y pueblos cargados con una manta en la que llevan su futuro. No se habla de las mafias que traen engañados a estos buscadores de fortuna para explotarlos después con jornadas maratonianas a cambio de un plato de comida y poco más.

Nada de esto se menciona. Bien es cierto que los autores deben cobrar por su labor, por crear música o cine que nos distraiga a los demás. Por hacernos vivir momentos inolvidables y dar una banda sonora a nuestras vidas. Pero eso no debe hacerse a costa de nuestro salario y, menos, en estas fechas. Que los pobres Reyes Magos van a tener que pedir una ampliación de crédito a partir del 1 de enero. Y mientras tanto, Papa Noël se va de rositas.

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