Y a usted, ¿le atienden?

Pedro Caballero- Infante / Caballeroinf@ Hotmail.com

Normalidad lingüística

EL andaluz, en contraposición con los norteños, tiene un complejo de inferioridad en relación a su forma de expresarse. Si alguien de aquí dice por mor, cree cometer una incorrección y si, además, es consciente de que lo ha pronunciado como por mó el complejo se acrecienta.

De un tiempo a esta parte vive en el barrio una señora finoparlante que tiene a la parroquia acongojadita. La infundada supremacía cultural de esta mujer está basada en una pronunciación de eses encadenadas y un tono de propiedad con el que acompaña algunos conceptos que quieren parecer cultos.

Bollito, con su proverbial desinhibición, se ha metido en la conversación que la señora mantenía sobre unas determinadas gotas laxantes

-Llévesela usté. Son superió.

-¿Superior a quién?

Don José ha de explicar que superió significa bueno.

-Entonces, ¿cómo dicen ustedes muy bueno?

Demasiao!

Como Bollito se está viniendo arriba el boticario entra al quite y le dice a la señora:

-Es que nuestra escala superlativa para la palabra bueno es: bueno, muy bueno, superió y… ¡demasiao!.

El boticario traduce que el laxante es superió, porque ha hecho su efecto sin las estridencias de otros más drásticos productores de colitis.

-Aquí en Andalucía manejamos el concepto verbal de una forma muy particular. Por ejemplo, cuando no llueve lo necesario, es habitual que el hombre de campo al ser preguntado diga algo así como "llové ha llovío, pero…¡como llové, llové!... no ha llovío".

-¡Qué complicados son ustedes!

-Es cuestión de sensibilidad y suavidad.

Don José se explica: la utilización de los diminutivos no quiere aludir a la pequeñez de algo o alguien sino a quitarle importancia. En esta tierra pedir un vasito de agua no es demandar poca cantidad sino solicitarlo como no queriendo molestar.

La permanente intromisión de Bollito facilita la labor didáctica del farmacéutico.

-Eso que dise Don José es la pura verdá. El otro día venía dando yo unas cojetá que.. ¡iba metiendo la oreja en los charco…!

-¡Jesús... qué hombre!

- a lo que iba. Me dijo, aquí, Don José que me iba a una pomaíta... ¡Coño con la pomá...! ¡Remedio santo!

La foránea contraataca:

-Todo esto está muy bien, pero han de reconocerme que dicen ustedes cosas, como una gracia, que a veces tiene poca. Ayer en El Corte Inglés casi se produce una trifulca.

-¿Y eso?

-En una degustación de carnes de mi tierra una señora muy mal encarada dijo algo así como "¡Anda que esta carne esta podrida!". Y claro el carnicero, que es paisano mío, casi la pega... pues.

El farmacéutico le explica que eso ocurrió porque aquí se emplea la exageración contraria para resaltar algo. A alguien que va montado en un cochazo se le espeta "¡Anda y quer tío vá descalso!".

Bollito, que lleva tiempo oyendo como el boticario la llama por su nombre, se despide con toda llaneza:

-Quede usté con Dio, Maicamen.

-Nekane.

-¡Coño…! así que me paresíausté gangosa.

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