Larga vida al Rock and Roll

El periodismo es el rock and roll de la literatura, sin duda, y como ese -más que estilo musical- estilo de vida atraviesa unos tiempos complejos en el que muchos se preguntan si no estará infectado de una enfermedad irreversible, de esas que ya no tienen cura y que pone en jaque su libertad de expresión desinteresada. Mientras el rock and roll viaja en ambulancia camino del hospital traicionado por las propias discográficas y las cadenas musicales de radio, que se han encargado de dejarlo en estado comatoso porque el reggeton ahora da ahora más pasta y es en lo que hay que volcarse, el periodismo también sobrevive perdiendo su esencia, viéndola cada vez más diluida. Porque, como ocurre con la esencia de todo buen rock and roll, la del periodismo debería de llevar en su ADN el gen contestatario, inconformista, para nada servil, ese que se aferra a la libertad para denunciar las injusticias del poder -aunque no negaré que en esta profesión siempre ha habido servidores de su amo-. No obstante, ahora más que nunca esa esencia se está perdiendo víctima, cómo no, de las servidumbres de quienes manejan los hilos económicos propiciando que el credo de esta noble profesión que proclamara George Orwell, ese que rezaba que "periodismo es publicar algo que alguien no quiere que publiques; todo lo demás es relaciones públicas", sea ahora un credo del que los propios profesionales casi sin darse cuenta -o dándose- apostatan.

No hay nada más que ver el pulso informativo de intereses creados que ha surgido en torno al problema de Cataluña, sólo por poner un ejemplo. Pero no hay que irse tan lejos. Uno no tiene nada más que escuchar, por ejemplo, un programa radiofónico deportivo de esos que inundan las ondas por las noches para comprobar que hay algún importante dirigente que otro que paga tertulias para que se hable el mayor minutaje posible de su equipo -qué mejor publicidad que esa-. Ya lo decía el maestro José María García, los protagonistas del cotarro son abrazafarolas y estómagos agradecidos, y si vas contracorriente, pues ya sabes lo que te espera. Pero esa pérdida de esencia rockanrolera del periodismo está en todos los ámbitos de la información y también ha llegado propiciada por unos políticos que saben de esto lo mismo que yo de capar ranas y cuyas pocas miras traen consigo que si haces carne ese credo de George Orwell con algo que les afecta, te miren con el diente retorcido, guardándotelo, porque ya se sabe, o estás conmigo o estás contra mí -máxima que no deja de delatar cierta mediocridad de quien está acostumbrado a la servidumbre y al oficialismo-. Generalizar sería una torpeza por mi parte. Hay políticos y políticos, lo mismo que hay periodismo y periodismo. Yo sólo creo en aquel periodismo que es el rock and roll de la literatura.

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