Editorial

Estepona, hacia la normalidad

LA lógica, la prudencia y la coherencia, cualidades no siempre presentes en la toma de decisiones de los partidos, se impusieron ayer en la elección del nuevo alcalde de Estepona. El PSOE de Málaga aparcó por una vez sus diferencias internas y designó a David Valadez como su candidato a heredar el bastón de mando del encarcelado Antonio Barrientos. Valadez, número seis de la lista socialista, fue precisamente el concejal que, junto con Cristina Rodríguez, denunció reiteradamente ante la dirección de su partido las irregularidades urbanísticas y económicas que se estaban cometiendo en el municipio. También, el primero en la lista fuera de toda sospecha en el caso Astapa, una vez que la juez mantuvo ayer la imputación sobre el número tres y concejal de Urbanismo, Rafael Duarte, que era el candidato preferido por el partido. Pero la adscripción del joven Valadez, de 31 años, al sector crítico de los socialistas malagueños, y la difícil situación en la que colocó a la dirección provincial y regional tras sus continuas e ignoradas denuncias, hacían pensar que su elección como alcalde estaba descartada. Esa era la decisión que el miércoles habían tomado los dirigentes socialistas, que tenían como alternativa a Duarte al concejal de Seguridad y número ocho de la lista, Antonio Sánchez. Pero, como decimos, por una vez se ha impuesto la cordura y los socialistas han dado un buen primer paso para recuperar la credibilidad perdida en esa zona de la Costa del Sol castigada por la corrupción y los escándalos. La primera medida comprometida por el nuevo regidor también augura la vuelta a la normalidad en la localidad malagueña. Valadez se bajará el sueldo y así el alcalde de Estepona dejará de ser uno de los mejor pagados de España, por mucho que Barrientos, cuando se hizo público su salario, anunciara que iba a donar una parte sustancial a obras benéficas. Son muchos los proyectos de envergadura que tiene pendientes Estepona, un consistorio que lleva años intentando recuperarse de la terrible herencia económica y laboral dejada por el GIL. Ayer dio un paso, sólo un paso, hacia la estabilidad.

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