Hace ya algunos años, flipé en colores -ahora sería en estelada- cuando presencié como dos jóvenes cordobesas -junto a las que crecí- que habían emigrado a Cataluña se reencontraban en unas vacaciones en su pueblo, que es el mío -Belalcázar-, saludándose en catalá. Y refliplé en colores -estelada al cuadrado- cuando una familia cordobesa emigrada a tierras catalanas tan sólo se dirigía a sus hijos en plena romería de la patrona belalcazareña también en catalá, delante incluso del resto de su familia cordobesa. Y flipé y reflipé quizás porque en ambos momentos no entendí esas situaciones y viví esas escenas como si sus protagonistas estuvieran apostatando de sus raíces. No fueron los únicos casos que luego conocí de andaluces que acababan dejando el andalucismo por el catalanismo hasta convertirse en más catalanes que la familia Pujol y más independentistas que Oriol Junqueras -quien por cierto tiene antepasados jiennenses-. Será porque, como dice el refrán, uno no es de donde nace, sino de donde pace. Lo que está claro es que si Cataluña un día llega a independizarse de España lo hará gracias en parte a la bendición de ese charneguismo ilustrado que ha ido poco a poco encontrando su ser lejos de la tierra que lo vio nacer, de ese charneguismo ilustrado que ha sido poco a poco catequizado para la causa, una causa que tiene toda la pinta de que continuará engordando hasta conseguir su fin. Y el charneguismo es clave para ello.

En Cataluña, el charneguismo existe hasta en las familias de abolengo, como en la del expresident de la Generalitat Artur Mas. Arturo, como lo conocen en Hinojosa del Duque, de donde es su consuegro Ángel Torrico, sabe lo que es paladear un exquisito jamón de pata negra originario de ese pueblo cordobés en donde los producen de cine. Hablando de cine, la historia de los Mas Torrico, como la de otras muchas familias que residen en Cataluña, me recuerda a aquella película de reciente éxito comercial titulada Ocho apellidos catalanes y que, en este caso, comenzaría cuando en 1971 Ángel Torrico emigró desde su Hinojosa del Duque natal a Sardañola del Vallés (Barcelona). En esa película no faltaría la escena de la despedida de soltero de Rubén Torrico Franco [segundo apellido que le viene al pelo a la comedia], el joven abogado hijo del hinojoseño que posteriormente desposaría en 2013 a la hija mayor del expresident, Patricia, una despedida de soltero que, según algunos medios, fue con capea incluida, cuando los toros están prohibidos en Cataluña. Por cierto, además de compartir el título de municipio hermano con Hinojosa del Duque, Sardañola es la sede de la hermandad filial de la Virgen de la Antigua, patrona del municipio, con imagen mariana charnega incluida. Continuará.

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