Rafalete

la gloria de san agustín

Que sea la noche más buena

Pues ya estamos, sí, que ya ha llegado la Nochebuena y estamos preparados para celebrarla como se merece, que de vez en cuando es bueno darse un buen capricho y, sobre todo, dejar de pensar en lo dc todos los días, o en lo malo de todos los días, que nos lo merecemos, ya lo creo que sí, y esta noche toca disfrutar. Ayer me llevé una de las sorpresas más grandes y más bonitas que me he llevado en mi vida, y es que volvió sin avisar mi primo Ángel, el hijo de un hermano de mi padre, mi tío Paco, que se fueron a Alemania cuando yo era un nene, que nos pusimos a ajustarlo y llevábamos más de 30 años sin vernos, que se dice pronto. Pues está la mar de bien, que cuando nos vimos nos reconocimos a la primera, y casi fue como el anuncio del turrón, lo que yo les diga, que no pudimos evitar que se nos saltaran las lágrimas de alegría, que eso no pasa todos los días, ni mucho menos. Ha venido solo con la mujer, Eva, que aunque ha nacido allí es española, porque sus padres son de Albacete. Una mujer de verdad, que a guapa y a elegante no hay quien le gane, que ya es amiga de Soraya como si se conocieran de toda la vida, lo que yo les diga, una cosa. Pues mi primo se ha prejubilado en la empresa de frigoríficos en la que trabajaba y se está pensando muy seriamente venirse para Córdoba a vivir, que su único hijo, Pablo, ya vive solo, muy lejos de ellos, que ha encontrado muy buen trabajo de ingeniero en una empresa tela de importante, según me estuvo contando. Vamos, que le cuesta dos horas más de avión ir a verlo desde aquí que desde donde estaban, y que para eso prefiere estar aquí, en su Córdoba bendita, a la que tanto ha echado de menos.

Esta noche vienen mi primo y su mujer a comer a casa de mi hermana, pero para eso todavía queda, que ahora al mediodía nos vamos a tomar unas cosillas con los amigos del barrio. Eso sí, ya saben ustedes que desde que me pasó lo que me pasó aquel año, que no llegué a la cena, ya jamás me ha vuelto a pasar, porque se lo prometí a mi hermana y a mi cuñado, que fue un feo muy grande por mi parte y yo no soy persona de feos, al menos voluntariamente. En fin, que hasta nuestro Córdoba se ha unido a la celebración con el mejor partido en mucho tiempo y que dure, lo mismo que nos debe durar la felicidad de este día. Me despido, deseándoles que se lo pasen lo mejor posible, que les duela la tripa de comer y, sobre todo, de reír y que se harten de pegar besos y abrazos, que de eso no se cansa nunca uno, que lo disfruten lo máximo posible. Que nos lo merecemos, porque nos lo hemos ganado y porque somos buena gente.

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