Rafalete

la gloria de san agustín

Gachas

Tengo que reconocer que mi hermana tiene unas mano con las recetas de mi madre que es algo exagerado, pero tela marinera, es que les salen exactamente igual, pero igual, una cosa mala, lo que yo les diga. Y eso hace que cuando estoy comiendo vuelva a sentirme como el nene que fui, que es una sensación muy extraña, que tiene su parte buena, pero también su parte mala, cuando te das cuenta de los que faltan.

Mi hermana borda casi todas las recetas de mi madre, que las diferencias son muy pocas, pero con las gachas ya es una cosa exagerada, pero de locos, que por mucho que les cuente no se lo podrían creer. Y es que unas gachas cordobesas, cuando están bien hechas, que algunas son natillas con ajonjolí, y eso no es, por mucho que se empeñen, es una cosa que quita el sentido, que yo soy capaz de comerme un lebrillo y hasta puede que algo más, lo que yo les diga. Hay quien les pone arriba almendras o nueces, que también están buenas, pero a mí como más me gustan es con sus tostones de pan frito, que es lo que les da un toque que no veas. Eso sí que es una tradición bonita y no disfrazarte de vampiro o de muerto viviente, como ahora hace todo el mundo, que a noveleros no hay quien nos gane, que en vez de conseguir que los demás hagan nuestras cosas, somos nosotros los que hacemos las de los otros, y el problema es que llegaremos un día en el que no tengamos cosas nuestras, de seguir así la cosa, y no creo que esté exagerando. Aunque no se lo crean, yo pienso mucho en estas cosas porque no me gustaría que acabáramos siendo como todos porque hemos dejado de ser nosotros mismos.

Pero no son todos buenos recuerdos en el día de los Santos, y es que aunque yo no soy de ir al cementerio no puede dejar de pensar en los que se han ido, sobre todo en mis padres, que aunque dejaron de estar ya hace bastantes años nunca he dejado de echarlos de menos, pero mucho, que todos los días me acuerdo de ellos, un minuto aunque sea, pero me acuerdo. Mi hermana sí que va al cementerio, y bien cargada, con cubo y sus trapos, que deja la lápida la mar de reluciente, y eso que tiene que subirse a una escalera, no hay año que falte. Yo he estado tentado de ir alguna vez, pero la verdad es que nunca lo he hecho, para qué decir lo contrario, y todo por no querer llevarme el sofocón que seguro me acabo llevando. En fin, pero vamos a acabar hablando de algo alegre, de las gachas, por ejemplo, que le han vuelto a salir de maravilla a mi hermana y bien cargadas de tostones que estaban. Como está mandado.

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