A tumba abierta

  • Cees Nooteboom recoge en su libro las reflexiones de sus visitas a las últimas moradas de sus autores preferidos

El escritor holandés Cees Nooteboom ha viajado por los cementerios de todo el mundo para hacer un recorrido literario muy especial que ha dado como fruto Tumbas, un libro en homenaje a ochenta de los más famosos poetas y pensadores, en el que pone texto a las fotografías de sus sepulturas, captadas por su esposa Simone Sassen.

Con sus "muertos amados", tal y como Nooteboom (La Haya, 1933) llama a todos los escritores fallecidos cuyas últimas moradas ha ido visitando durante años, ha entablado diálogos "para verificar sus palabras y su inmortalidad", afirma el autor en el prólogo.

La primera tumba sobre la que escribió, cuando aún no pensaba en este libro, fue la de Proust en 1977. "Tenía ya más de cuarenta años", recuerda el escritor, candidato desde hace tiempo al Premio Nobel de Literatura. Y precisamente es la imagen de la lápida de Marcel Proust, en el cementerio francés de Père Lachaise, y tomada en 1985, la que aparece en la portada de este lujoso libro editado por Siruela. Ante la tumba del escritor francés, Nooteboom reconoce que no supo qué pensar y, quizá por ello, el autor reflexiona sobre un hecho: "¿Por qué visitamos la tumba de alguien a quien no hemos conocido en absoluto?". Su respuesta, clara: "En algún rincón secreto de nuestro corazón albergamos la idea de que esa persona nos ve y se da cuenta de que seguimos pensando en ella".

Acompañado siempre de su mujer, Simone Sassen, él escribiendo y ella haciendo fotografías, Nooteboom ha peregrinado a cientos de sepulturas. Entre las 82 tumbas que aparecen recogidas en este libro, se encuentran la de Neruda en Chile, Borges en Ginebra, Stevenson en Samoa, Kawabata en Japón, Goethe en Roma, Thomas Mann en Zúrich, la de Cervantes en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid -que no en Alcalá de Henares- o el jardín Monk's House (East Sussex), donde fueron esparcidas las cenizas de Virginia Woolf.

"Unas veces he emprendido el viaje sólo por ellos; otras, me encontraba casualmente en las inmediaciones, yendo a otra cosa", declara Cees Nooteboom, que ha elegido Tumbas de título "por el alegre sonido que tiene esta palabra en español". Y de las sepulturas de poetas españoles el autor hace una mención particular a la de Antonio Machado quien, a pesar de que su infancia "son recuerdos de un patio de Sevilla", descansa para siempre en el cementerio francés de Collioure.

"En el más allá, los muertos todavía quieren escribir; flores, cartas estropeadas por la lluvia que quizá los poetas lean por la noche: así lo cree quien verdaderamente está convencido de la inmortalidad de un poeta. Por eso hay un buzón colocado junto a la tumba del exiliado Antonio Machado", subraya Nooteboom en su nuevo libro. En las fotografías de Simone Sassen, todas en blanco y negro, se aprecian los recuerdos que la gente deja sobre las tumbas de sus poetas y escritores más admirados: flores, piedrecitas, cartas, guantes, poemas, velas e incluso una botella de Absenta, como en la de Julio Cortázar en el cementerio parisino de Montparnasse.

El escritor holandés terminó el pasado año sus andanzas por las últimas moradas de sus "muertos amados", y concluyó diciendo: "Yo los he visitado y saludado, pero sobre todo los he vuelto a leer".

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