Embajadores Juan Vicente Fruet, profesor de la Facultad de Derecho

"La tolerancia es el mayor legado de esta ciudad"

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Juan Vicente Fruet, nacido en Capiatá, una localidad cercana a la capital de Paraguay (Asunción), confiesa que cuando se desplazó hasta Córdoba su intención no era la de quedarse: "Vine para dos años, con el objetivo de cursar un programa de doctorado sobre economía para el desarrollo. Pero la ciudad me gustó desde el principio". Su salto del Atlántico coincidió con una gran crisis personal -un divorcio-, así que el conocer a la cordobesa que ahora es su pareja fue un hecho decisivo para modificar su opinión y asentarse definitivamente en España. Aquello ocurrió en 1999, cuando Fruet contaba con 42 años. Ahora, con 50, es profesor asociado en la Facultad de Derecho, donde imparte Contabilidad Empresarial y Analítica a los alumnos de último curso.

Su primer contacto con Córdoba se produjo, aunque parezca extraño, en la Universidad Centroamericana de El Salvador. Allí conoció al jesuita de San Hipólito Jaime Loring, que le habló de ETEA y conectó con sus inquietudes: "Él daba clases en un módulo de finanzas, donde yo era alumno. Le hablé de la tesis que tenía intención de hacer y él me comentó que ETEA podría estar interesada". Tras pensárselo durante seis años, en el 99 llegó a Córdoba: "Descubrí una ciudad que no es pequeña, pero tampoco grandotota, así que tiene muchas posibilidades y mejor calidad de vida que capitales como Madrid y Barcelona", sostiene con convicción.

Al principio le costó congeniar con el carácter "cerrado" de los cordobeses, pero "muy pronto hizo amigos" y la fama de ciudad "tolerante" cruzó el charco: "A todos mis amigos de Paraguay les he escrito para decirles que Córdoba es un verdadero ejemplo de cómo pueden convivir culturas muy diferentes. Ese es el principal legado de la ciudad para este mundo, en el que todos piensan que tienen la razón". Algunos de estos destinatarios decidieron coger el avión y aterrizar en Andalucía, "y se han ido encantados", destaca Fruet. "Tenemos que vender más la ciudad, nos falta saber mercadear. Y en este sentido también es importante que el Córdoba juegue en Primera División de vez en cuando, porque es la mejor propaganda que hoy en día se le puede hacer a una ciudad", apuesta el profesor universitario paraguayo.

A lo largo de estos ocho años, Fruet ha tenido tiempo de dedicarse a la música, su "pasión", y es el director de un coro infantil y juvenil en el Centro Cultural San Hipólito. Se encarga de tocar el órgano de la colegiata ubicada en el Bulevar del Gran Capitán, un instrumento de 1735 recientemente restaurado. Esta afición le viene de su país natal, donde culminó el profesorado de piano y estudió Armonía. Sobre la percepción que los cordobeses tienen de su país, se muestra crítico: "Hay una visión bastante global desde México a la Argentina, y no nos damos cuenta de que son 17 millones de kilómetros cuadrados de territorio, con grandes diferencias de un extremo a otro". Fruet define al paraguayo como "retraído y nacionalista", hasta el punto de que "hay más ciudadanos que hablan guaraní que español". Quien se decida a saltar el charco, sin embargo, descubrirá "una naturaleza impresionante" y a una gente "tremendamente hospitalaria".

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