Crítica de Teatro

Un taxi y dos esposas

Un momento de 'Taxi' con El Monaguillo, Josema Yuste y Maribel Lara. Un momento de 'Taxi' con El Monaguillo, Josema Yuste y Maribel Lara.

Un momento de 'Taxi' con El Monaguillo, Josema Yuste y Maribel Lara. / juan ayala

Lleno el pasado viernes en el Teatro Góngora para las dos funciones de Taxi, comedia anglosajona de enorme éxito desde su estreno en los años 80, escrita por Ray Conney y que Josema Yuste en compañía de Alberto Papa-Fragomen adapta a los escenarios españoles.

La obra gira en torno a Rafa, un taxista madrileño que oculta su idílica doble vida: tiene dos esposas y vive con ellas en barrios diferentes gracias a la a la cobertura de horarios que su oficio le proporciona. El problema surge cuando después de sufrir una conmoción y pasar la noche en el hospital ambas esposas llaman a la policía para denunciar su desaparición. A partir de ahí, el taxista, con "ayuda" de su vecino, intentará zafarse de la investigación llevada por dos detectives de policía. Con cada aclaración que inventan se meten en un lío mayor al anterior hasta acabar en el desenlace que traiga la paz y el orden necesario para hallar un final feliz sin que llegue la sangre al río.

La puesta en escena cuenta con una sala de estar compartida de los dos apartamentos como escenografía fija y funcional donde se desarrolla el constante ir y venir de los seis personajes, los cuales son magníficamente interpretados en el timing adecuado para que esta comedia de enredo vaya in crescendo y nos lleve a la carcajada. Prueba de ello es el tándem formado por Josema Yuste y El Monaguillo. Se nota la complicidad que despliegan, sobretodo en momentos en los que, por puro disfrute, prolongan la escena improvisando hasta límites en los que sus compañeros de reparto no pueden contener la risa. Santiago Urrialde con su inspector facha y Javier Losán haciendo de un pseudoColombo albaceteño nos divierten por igual.

Por último, también hay que destacar los papeles femeninos menos favorecidos de carga cómica pero interpretados con la profesionalidad que atesoran Esther Prado y Maribel Lara. Todo el elenco fue acogido entre ovaciones por un público agradecido por la función.

Han pasado más de 30 años desde la primera representación de Taxi en el West End londinense y desde entonces no ha parado de ser representada en escenarios de medio mundo. Adaptarla a los tiempos y el contexto del siglo XXI resulta complicado. Aun así, el trabajo realizado por Josema Yuste y Alberto Papa-Fragomen tiene su mérito. Nunca olvidemos que la obra está destinada simplemente para disfrutar de un buen rato y reír. Aunque para dar un giro a la tuerca, rompiendo con los estereotipos de género, no estaría mal poder ver una adaptación donde la protagonista sea una mujer taxista casada con dos hombres y mantener el nivel de comedia. Es sólo una propuesta.

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