José Clemente Martín de la Cruz. Director académico de las jornadas sobre Ategua

“La rentabilidad de Ategua aflorará el mismo día en que comencemos a trabajar”

  • La Facultad de Filosofía y Letras acoge estos días un encuentro sobre el yacimiento, en el que expertos de distintas disciplinas abordan las posibilidades históricas, económicas y turísticas del enclave

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Ategua cumple casi siempre con una cita anual –ya sea académica, deportiva o cultural– que recuerda que el yacimiento continúa en la lista de tareas pendientes de la administración autonómica. En esta ocasión ha sido el Departamento de Prehistoria de la UCO el que ha organizado unas jornadas que entre ayer y hoy abordan los aspectos más relevantes del enclave patrimonial de 4.000 años de historia, y que ocupa una extensión superior a las 16 hectáreas.

–¿Qué sentido tiene hacer unas jornadas sobre un yacimiento que está sin explorar?

–Queremos ayudar a concienciar a toda la sociedad, a los responsables políticos y a la Universidad para ver si conseguimos sacar adelante el proyecto porque falta mucho por investigar y, sobre todo, por sacarle el partido social, económico y cultural que tiene un yacimiento de esta envergadura.

–¿Cuál es la necesidad más acuciante de Ategua?

–Primero la conservación y después diseñar un plan director para saber en qué plazos se va actuar y cuándo va a llegar la financiación que permita sacar el proyecto adelante. El problema está en que empezamos a dar la voz de alarma en el año 94 ó 95, pero no hemos obtenido el visto bueno de la Junta de Andalucía para trabajar en ese yacimiento; a estas alturas habríamos invertido una enorme cantidad de dinero de fondos estructurales europeos, que finalizarán en 2013, y el yacimiento estaría rindiendo en términos económicos, científicos y sociales y sería un valor fundamental para impulsar el proyecto de Capitalidad europea. Estoy absolutamente seguro de que la rentabilidad de Ategua aflorará el mismo día en que empecemos a trabajar. No hay muchos lugares que puedan disponer de un yacimiento que tenga acumulados 4.000 años de historia y que esté en mitad del campo, circunstancia que permite trabajar durante todo el año.

–¿Por qué tanta tardanza?

–El único problema es que trabajamos a ritmos distintos porque la administración funciona a muy largo alcance y las necesidades de los investigadores son más acuciantes. No podemos esperar tantos años.

–¿Cómo se debería afrontar el trabajo de campo?

–Se pueden mantener dos vías de trabajo: la de la investigación y la excavación, y por otro lado la de la restauración y conservación, que naturalmente requerirán la difusión posterior de los resultados.

–Lamentablemente, el yacimiento no suele ser noticia por sus descubrimientos, sino por sus expolios.

–Este ocurre desde hace muchísimo tiempo. Tiene grandes posibilidades y por eso no debemos acabar con ese abandono.

–2004 fue el último año en el que se realizó una intervención arqueológica.

–Así es, y además fue una intervención que se hizo para resolver un problema que ya todos conocíamos. Se hizo en un lugar donde sabíamos que había una muralla de época orientalizante y que en las previsiones de la Junta estaba poner ahí el camino de acceso al yacimiento. Así que se hizo esta investigación para resolver este problema de acceso.

–Aunque las comparaciones siempre son odiosas, ¿No cree que algunos yacimientos como el de Medina Azahara han copado los recursos?

–No creo que sea necesario repartir los recursos. Medina Azahara empezó a excavarse en 1850, y como no podía ser de otra forma, está dando magníficos resultados. A mí me parece bien la apuesta que se está haciendo en Medina Azahara, lo único es que hay que buscar recursos nuevos en otros lugares. En Ategua tenemos toda la historia de la Campiña, la explicación de por qué se fundan los pueblos en el tercer milenio a.C. y cuáles son las razones. En los sedimentos arqueológicos tenemos toda la historia medioambiental, el polen, los carbonos y las semillas de todas las plantas que vivieron en esos 4.000 años. Además tenemos los restos de la fauna que cazaron y consumieron sus pobladores. Podemos trazar la evolución del paisaje y de sus costumbres.

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