El padre del cómic

No es extraño que los artistas se muestren esquivos a la hora de detallar cuestiones relativas a su proceso creativo. Y es menos extraño aún que, tras leer y analizar los textos teóricos o poéticas de determinados creadores, uno acabe pensando que más les hubiera valido estarse calladitos, pues no es raro que confundan influencias con gustos, deseos con propósitos o justificaciones con razonamientos.

Pues bien, William Erwin Eisner (1917-2005) es un ejemplo paradigmático de todo lo contrario. El denominado padre del cómic, creador allá por 1940 de una obra maestra del género negro llamada The Spirit e iniciador, tres décadas más tarde y según opinión de casi todos los estudiosos, de eso que se ha dado en llamar novela gráfica -un formato que está reinventando la historieta contemporánea como en su día la reinventó el comic-book-, dedicó siete décadas al oficio de escribir y dibujar tebeos y no pocos esfuerzos a propagar las claves de su trabajo, siempre con una claridad e inteligencia inusuales.

A lo largo de su carrera, Eisner impartió charlas y talleres, escribió varios libros sobre teoría y práctica del arte secuencial -término acuñado por él y que usaba en sustitución de cómic-, publicó largas conversaciones sobre las entrañas de la profesión y la industria -llenas de anécdotas e intimidades creativas- con algunas de las más grandes luminarias del medio como Milton Caniff, Jack Kirby o Harvey Kurtzman y, en definitiva, animó la escena de los tebeos no sólo con su obra sino con su activismo y generosidad. (Para perfilar un poco más el contorno de la enorme figura de Will Eisner, se debería añadir que fue pionero en lo relativo a los derechos de autor de su obra -mantuvo el control legal de sus creaciones cuando esto era una práctica absolutamente inusual-, exploró los límites del montaje y del diseño de página y, cuando contaba sesenta años, se atrevió a reinventar su propio lenguaje y construir una madura, rica y poderosa obra confesional. En palabras del escritor John Updike: "Eisner no sólo iba por delante de su tiempo, sino que el tiempo aún está intentando alcanzarle.)

Leer a Eisner -en cualquiera de sus facetas- es una tarea de lo más gratificante. El poder de atracción de su obra es total, y una vez se comienza resulta imposible parar. Por fortuna, la obra del judío neoyorkino que desarrolló gran parte de la técnicas del cómic moderno lleva años siendo editada en nuestro idioma con el respeto y la exhaustividad que se merece. La vida en viñetas, este grueso volumen editado originalmente por Norton y que ahora nos trae Norma Editorial en español, recopila algunas de las novelas gráficas crepusculares del maestro, las más autobiográficas. Disecciones de avatares familiares y crisis sociales -el crack del 29, la segunda Guerra Mundial- pero también radiografías, una vez más, del corazón de la industria del entretenimiento.

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