Un nuevo mundo para la música de Antonín Dvorák

Los instrumentos de época habían llegado ya hasta Brahms, Bruckner, Wagner, Chaikovski, Verdi, incluso Ravel, pero esta es la primera referencia dedicada a Dvorák, una Sinfonía del Nuevo Mundo que Emmanuel Krivine dirige a su estupendo conjunto y que resulta transparente, elegante y un punto más agreste que de costumbre, sin que el peso de una gran orquesta se eche de menos ni siquiera en el Allegro con fuoco final, de formidable fuerza aquí. Complementa una muy notable versión de la Konzertstück para cuatro trompas y orquesta de Schumann.

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