Cómics

Una luz en la isla oscura

  • El dibujante Jorge González recrea en esta obra la oscuridad y la opresión de una isla tomada por los demonios atávicos de 'El señor de las moscas'

El señor de las moscas. William Golding. Libros del Zorro Rojo. 296 páginas. 29,95 euros.

Mi primer acercamiento a la obra de William Golding tuvo lugar a mediados de los ochenta, poco después de que le concedieran el premio Nobel. Ya lo había escuchado nombrar, aquí y allí, y me propuse leer la copia barata que tenía mi padre de El dios escorpión, su única recopilación de relatos. A mis trece o catorce años, no pude pasar de la primera página. De modo que cuando me recomendaron encarecidamente la lectura de El señor de las moscas, decliné amablemente la invitación, pues entendía mi tierno yo que el autor era ilegible.

Tardé una década y media en vencer aquella sensación y decidirme al fin a leer el famoso primer libro del británico. Andaba por entonces enfermo y desubicado, solo en la gran ciudad y con la obligación diaria de acudir a interminables sesiones de rehabilitación de una lesión de cuello que aún arrastro y que, como si de una escena de Golding se tratara, me habían causado unos vándalos adolescentes. Les parecerá raro, pero no recuerdo si me leí la versión de Carmen Vergara o la de Juan Martín Ruiz-Werner, porque ambos libros los estuve paseando alternativamente en aquella época, aunque casi seguro que fue la de Vergara (que traduce el título del primer capítulo como El toque de la caracola; Ruiz-Werner lo llama El sonido de la caracola, y tengo otra traducción más, de Ricardo Gossein: La voz del caracol. Por si se lo preguntan, el original es The Soundof the Shell).

Lo leía camino de la clínica y también a la salida, en un bar de la calle Fernández de los Ríos, tanto rato como me permitían los mareos y el dolor de cuello, y las propias circunstancias sirvieron para que el libro y el autor penetrasen con fuerza en mi imaginación. En cuanto lo terminé, salí corriendo a buscar Los herederos, su segundo libro, y luego el tercero, y luego el cuarto, y en menos de un año me había leído las tres cuartas partes de su (no demasiado extensa) bibliografía, incluido El dios escorpión, que de pronto se me reveló como una colección soberbia. Desde entonces, ando siempre releyendo algo de Golding (acabo de empezar de nuevo Ritos de paso), lo he traducido, analizado y editado, y cada libro suyo lo celebro como la carta de un viejo amigo.

Así que se me hizo la boca agua cuando supe que Libros del Zorro Rojo anunciaba su edición de El señor de las moscas, una de las fábulas más persistentes del siglo XX. Para cualquier amante de los libros, estos del Zorro Rojo son una bendición, la prueba irrefutable de que ningún formato puede competir con el papel. El volumen usa la traducción de Vergara y le suma inquietantes ilustraciones del dibujante argentino Jorge González, que recrea con enorme fuerza la oscuridad y la opresión de una isla tomada por los demonios atávicos. Me impresionan y me angustian las imágenes a color que cosen el libro, pero me gustan aún más algunas de las viñetas en blanco y negro, como las que abren y cierran la edición. Todas ellas prueban el talento singular de González y hacen justicia a la obra imperecedera y dolorosamente hermosa de Golding.

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