adiós a Pablo García Baena

El hombre bueno de la poesía eterna

  • La parroquia de San Miguel se queda pequeña para acoger a los varios centenares de personas que acudieron al funeral por el poeta, cuyas cenizas reposan ya en el cementario de La Salud.

Llegada del féretro con los restos mortales de Pablo García Baena a la parroquia de San Miguel. Llegada del féretro con los restos mortales de Pablo García Baena a la parroquia de San Miguel.

Llegada del féretro con los restos mortales de Pablo García Baena a la parroquia de San Miguel. / reportaje gráfico: jordi vidal

"Polvo soy que algún día volverá hasta tus plantas". Éste es uno de los versos que forman parte de Ceniza, uno de los poemas escritos por Pablo García Baena y con el que ayer, el sacerdote Antonio Gil comenzó la homilía de la misa funeral del premio Príncipe de Asturias de las Letras. Para Gil, el poema de Ceniza representa "un verbo rebosante de la humanidad y con cierta brisa de plegaria". La iglesia de San Miguel se quedó pequeña ante el elevado número de personas que acudieron para dar el último adiós al poeta. Hasta esta parroquia de la zona Centro de la capital cordobesa acudieron centenares de personas a volver a dar el penúltimo adiós al gran poeta, que falleció el pasado domingo por la tarde a los 96 años. Entre ellos, además de su extensa familia, la alcaldesa, Isabel Ambrosio; la consejera de Justicia, Rosa Aguilar, o el subdelegado del Gobierno, Juan José Primo Jurado, junto a una nutrida representación del mundo cofrade, universitario, judicial y también de las letras de Córdoba. Buena prueba de ello fue la presencia de los autores Juana Castro o Alejandro López Andrada, entre otros, poetas y amigos de García Baena.

Antes de que comenzara el oficio como tal, el párroco de San Miguel, Francisco Jesús Orozco, ofreció unas breves palabras de bienvenida y recordó que a Pablo García Baena no le costaba nada admitir que era creyente y afirmar que "indudablemente soy religioso". También Orozco hizo referencia al concepto que tenía de la muerte el poeta, que nació en el número 6 de la calle Parras de Córdoba, de la que llegó a reconocer que "nos asusta, pero es natural porque volvemos al Padre". "La poesía es algo eterno, algo puesto por Dios, que el hombre necesitará siempre", anotó el párroco de San Miguel, iglesia a la que el poeta acudía con cierta frecuencia.

Mientras, en su homilía Gil hizo un breve recorrido por la vida de García Baena y, en ella, le dio las gracias de manera pública "por tu obra y por tus premios, desde el Príncipe de Asturias hasta los más pequeños". "Gracias por tanta sencillez, bondad y amor entrañable a tu familia; gracias a tu amor lírico a Córdoba y también por tu amor cofrade por el Cristo de Ánimas y la Virgen de los Dolores", manifestó.

El sacerdote también destacó los que a, a su juicio, fueron "tres momentos intensamente religiosos" de Pablo García Baena. El primero al que aludió fue a los cultos en la hermandad del Remedio de Ánimas. No en vano, el poeta fue uno de los encargados de fundar esta cofradía de la parroquia de San Lorenzo a mediados del pasado siglo. Gil recordó que el autor de obras como Antiguo muchacho "no se perdía nunca los cultos y se quedaba extasiado ante el altar al contemplar las imágenes". El segundo de esos momentos que citó fue el de "los tantos vía crucis por las estrechas calles de la feligresía de San Lorenzo" que hizo García Baena, mientras que el tercero y último fue el pasado domingo, pocas horas antes de su fallecimiento en la habitación que ocupaba en el Hospital de la Cruz Roja, cuando el poeta "recibió la bendición y absolución de sus faltas".

A estos tres momentos religiosos del que era el último poeta vivo del grupo Cántico, el sacerdote expuso otros "tres sentimientos hermosos" de García Baena. El primero de ellos fue el "amor y cariño hacia él por parte de todos". "Tuvo una vida intensa, realmente esplendorosa y nos ha dejado su misión poética con sus libros y también su testamento vital", anotó. Y subrayó que el poeta "era un hombre de bien, un hombre profundamente bueno". El segundo sentimiento fue para su familia, cuyos integrantes fueron "sus ángeles de la guarda", mientras que el tercero fue el de la "esperanza, porque la muerte no es el punto final de la vida".

Al término del funeral, en el que sonaron piezas delicadas de música que interpretó el cuarteto Gayarre, el féretro con los restos de Pablo García Baena, acompañado por su familia y por la consejera de Justicia, fue trasladado hasta la iglesia de San Jacinto, donde se venera a la Virgen de los Dolores y donde se ofició un responso. Allí, el Francisco Jesús Orozco, que además de párroco de San Miguel es el vicario general de la Diócesis, reconoció que el poeta "había pedido su despedida ante su madre", la Virgen de los Dolores, a quien compuso la Letanía de la ciudad de Córdoba a Nuestra Señora de los Dolores, entre la que se encuentran estrofas como "Reina enlutada de los servitas". Según explicó Orozco, la imagen de la Señora de Córdoba "le recordaba el amor de una madre" y dijo que "en sus poesías habla muchas veces de la Virgen". Fueron algunos miembros de la hermandad los que se encargaron de portar el féretro en la que fue la última visita de García Baena a la iglesia de San Jacinto.

A su término, el cuerpo fue trasladado para su incineración, que concluyó a primera hora de la tarde. Tras ello, tuvo lugar el depósito de sus cenizas en el cementerio de Nuestra Señora de la Salud -de titularidad municipal-, en concreto, en el panteón del Marqués de Cabriñana. Un acto íntimo con el que la familia de Pablo García Baena despidió a su tío y Córdoba a su Príncipe de las Letras.

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