La hipótesis del cine

  • Laertes publica un esencial tratado de Alain Bergala sobre su proyecto para llevar la enseñanza del cine a las aulas

Aquellos que, por devoción o mera supervivencia, nos dedicamos a la -a veces- ardua e ingrata tarea de enseñar, criticar o analizar el cine, tenemos un horizonte incierto de expectativas en el que no atisbamos a saber nunca si el eco de nuestras palabras resuena más allá de la página escrita o de las paredes del aula. Enseñar, transmitir, ser un pasador (en feliz hallazgo de Serge Daney) en materia cinematográfica requiere, en primer lugar, saber desde dónde se hace y para quién se hace; y por supuesto, para qué se hace, en esa encrucijada en la que, bien desde una modestia solidaria por compartir las pasiones y el conocimiento propios, o bien desde la atalaya del adoctrinamiento, uno se expone en carne viva para justificar sus filias y sus fobias con argumentos sólidos y respetables.

Si la tradición crítica ha labrado sus propios caminos, debates y escuelas de pensamiento cinematográfico, recorridos que han traspasado las fronteras universitarias en sucesivas oleadas, modas y tendencias (de la lingüística a los cultural studies), el ámbito de la enseñanza y la pedagogía del cine en la etapa de formación de la infancia es un terreno que permanece aún en pañales en los planes de estudios de medio mundo.

Al rescate de una educación cinematográfica desde esta etapa crucial, el crítico Alain Bergala (ex redactor jefe de Cahiers du cinéma) viene elaborando desde hace 20 años un proyecto didáctico que, por encargo del ministro de Cultura francés Jack Lang, ha empezado a implantarse ya en el sistema educativo galo. Fruto de sus reflexiones sobre la cuestión, el espléndido libro La hipótesis del cine nos trae un pequeño tratado sobre la transmisión del cine en la escuela y fuera de ella. En sus páginas, Bergala reflexiona sobre las desviaciones metodológicas de la educación artística (incluida la cinematográfica), en la que ha predominado una normalización académica en la que, siguiendo un silogismo de Godard, se ha prestado siempre más atención a la cultura (la norma) que al arte (la excepción). A partir del encuentro (siempre problemático) con la alteridad del arte, Bergala propone distinguir claramente entre educación artística y enseñanza artística, entre el academicismo normativo (que rige hoy tantas escuelas de cine) y la preparación para la apertura al desconcierto que, por naturaleza, siembra el fulgor de la obra de arte.

Si la norma hoy para la infancia es el cine de consumo masivo dictado por las reglas del mercado o el espectáculo televisivo, la escuela habrá de ser ese lugar, el único, en el que pueda producirse el encuentro con ese otro cine que circula por circuitos de visibilidad cada vez más reducida y en el que reside el germen de lo artístico. Porque el arte, en definitiva, no se enseña, se encuentra. Con las posibilidades pedagógicas (relectura, elección de fragmentos, puesta en relación de los mismos) que ofrece el DVD, Bergala propone, a partir de una serie de 100 títulos en los que, inicialmente, rige el concepto de transmisión (de Los contrabandistas de Moonfleet a ¿Dónde está la casa de mi amigo?), una enseñanza cinematográfica que no instrumentalice las películas y en la que la aproximación crítica y la praxis vayan unidas con la aspiración nabokoviana de "aprender a devenir un espectador que experimente las emociones de la creación misma".

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