El gran viajero español del XIX

  • Almed presenta en la Casa Árabe el libro 'Viajes de Alí Bey por Asia y África', una traducción de Roger Mimó sobre esta obra esencial de la literatura de viajes

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Los textos que escribió Alí Bey -alter ego de Domingo Badía- en el siglo XIX sobre Jerusalén o Marrakech pueden utilizarse aún hoy como una especie de lonely planet de estas ciudades que durante siglos han estado envueltas por el velo del misterio. Basta con asomarse a las páginas que acaba de publicar la editorial Almed para buscar las similitudes y diferencias de sus descripciones con lo que puede encontrarse ahora en éstas y otras muchas ciudades de África y Asia que en el siglo XIX recorrió el aventurero, explorador y erudito. De Tánger a La Meca, y de La Meca a Estambul.

"Hay lugares que se identifican perfectamente, como Jerusalén", describió ayer el editor y traductor Roger Mimó, que hace una década se lanzó a la aventura de rememorar a Alí Bey y repetir su periplo. El resultado de este trabajo son los tres tomos que acaban de publicarse. Es la primera vez desde 1814, de hecho, que se ofrece el texto completo de Alí Bey, incluido su prólogo, así como sus láminas y sus mapas a tamaño real, acompañados por fotografías actuales de los lugares mencionados por el autor y nuevos mapas detallados de su itinerario.

Alí Bey realizó entre 1803 y 1808 un osadísimo periplo. Cruzó el estrecho de Tarifa a Tánger, recorrió marruecos, residió un año en Marrakech y, por motivos políticos, tuvo que abortar su intención de visitar la mítica Tombuctú, describió Mimó. Ideó entonces un viaje a La Meca por tierra que lo llevó a Turquía pasando por Trípoli, por la isla de Chipre, Egipto, Arabia, Palestina y por Siria. "Además de su profunda investigación en campos tan variados como la geografía, la geología, la etnología o la historia del arte, Alí Bey aprovechó el viaje para llevar a cabo intervenciones políticas que reflejaban sus ideales y debían favorecer a su patria", descibió Mimó.

Divinizado por unos como un héroe y aborrecido por otros con acusaciones de falsía, Alí Bey quedó oculto con el paso del tiempo tras una cortina de tópicos y de prejuicios que, en la presente edición, Roger Mimó se encarga de echar abajo mediante un millar de notas a pie de página en las que se demuestra "la absoluta veracidad y el admirable rigor científico de la obra". "Tuve que viajar tres veces a Alejandría para visitar unas catacumbas que describía Alí Bey", dijo Mimó. Y allí permanecían intactas, sin explorar, en un país tan volcado en la arqueología como Egipto.

"El viaje de Alí Bey fue el más importante que se hizo a La Meca en el XIX. De hecho, es el único gran viajero española de ese siglo y, a diferencia de los aventureros ingleses o franceses, tuvo que hacerlo en el contexto de una España cutre, sin la estructura imperial de las otras naciones", explicó el director de la editorial Almed, Jerónimo Páez. Publicar una obra así en el contexto actual "es un riesgo absoluto", pero una invitación a descubrir otros mundos sin moverse de casa.

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